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 Ascensiones en Guara Sur.

11 al 15 de mayo de 2018

El viaje tuvo un prólogo desafortunado: el padre de Rafael Escribano, nuestro coordinador, fue ingresado en el hospital dos días antes y Rafa tuvo que quedarse en Madrid sin poder acompañarnos. Una gran frustración para él, después del gran trabajo de diseño de rutas, documentación y organización logística que había realizado. Lo siento Rafa, te echamos mucho de menos esos días. La buena noticia es que su padre se ha recuperado sin problemas.

A lo largo de la tarde del viernes 11 de mayo y en coches particulares, los 23 inscritos en la salida, fuimos llegando al camping Cañones de Guara y Formiga, en el municipio oscense de Panzano. El camping cuenta con buenas instalaciones y se come bien, pero el albergue deja bastante que desear: hay una habitación de 14 plazas y otra de 12, a las que sobran al menos dos literas a cada una para resultar cómodas. Los baños y duchas están en buenas condiciones, pero son algo escasos para tanta gente. En definitiva, tiene el problema de tantos refugios de pirineos: exceso de plazas.

Sábado, 12 de mayo. Vuelta al macizo de Ligüerri.

El sábado 12 amaneció con previsión de tormentas a partir de las 14:00, lo que hacía desaconsejable subir al Tozal de Guara que era la ruta planificada, así que decidimos hacer la marcha prevista para el segundo día: la vuelta de macizo de Ligüerri, no tan alta y expuestas a las tormentas como el Tozal. La ruta propuesta era única: desde el embalse de Vadiello (754 m) seguía el espectacular barranco de río Guatizalema hasta aproximadamente su mitad, para allí cruzar dos veces el río y subir al collado del pico de los Pepes (1241 m), por el que se vuelve al embalse de Vadiello por el barranco del mismo nombre.  

Salimos a las 8:30 hacia el embalse, donde aparcamos lo coches. Comenzamos la marcha unos minutos después de las 9:00, siguiendo el camino de Nocito, que forma parte de la red de caminos naturales de Guara y ha sido reconstruido sobre el trazado tradicional que ponía en contacto las dos vertientes de Guara. Se trata de una senda construida, ancha y abrupta, con continuas bajadas y subidas en fuerte pendiente; un verdadero rompepiernas, pero que recompensa los esfuerzos con unas magníficas vistas del barranco y los contrafuertes del Fragineto.  

En aproximadamente 1:30 horas, llegamos al primer cruce del río. El Guatizalema bajaba con bastante agua, pero sin corriente fuerte, por lo que no presentó más dificultad que la mojadura. El grupo de cabeza lo cruzó, como suele suceder a menudo en el club, sin mirar alternativas, es decir, hundiéndose hasta la cintura; los demás nos lo tomamos con más calma y cruzamos por donde el agua no pasaba de la rodilla. Después de secarnos, seguimos por un frondoso bosque de encinas hasta llegar en media hora a una bifurcación, donde se abandona el camino de Nocito para bajar al río y cruzarlo de nuevo, esta vez por un vado más ancho y menos profundo.

En la otra orilla, tomamos una senda estrecha que al principio no queda muy clara entre la vegetación, pero que enseguida se transforma en un camino evidente que sube paulatinamente por el bosque de encinas que cubre las laderas del cañón. Cerca del collado de los Pepes, empezó, con total puntualidad, la tormenta anunciada. En un momento nos cayó un chaparrón considerable, aunque por suerte fue relativamente corto y no se alargó toda la tarde como se preveía.  Poco después de cruzar el collado, el punto más alto de la marcha (1238 m), llegamos a una pista, por la que en dos horas bajamos hasta la carretera de Vadiello y el aparcamiento del embalse.

En total 20 km de marcha y 1300 metros de desnivel, que, el grupo de cola, hizo en unas 5:30 horas de marcha efectiva. Es una ruta cuya única dificultad son los cruces del río, por lo que varía según la época y el caudal que este traiga. Sus grandes atractivos son las vistas del cañón y atravesar las selvas de Guara.

Domingo, 13 de mayo. Tozal de Guara

El día amaneció despejado, ventoso y sin previsión de tormentas. La actividad prevista era la subida al Tozal de Guara (2073 m), partiendo de la ermita de Santa Cilia de Panzano (728 m), había también una opción más corta, la subida al tozal de Cubilars (1972 m).

Volvimos a salir a las 8:30 hacia la ermita de Santa Cilia de Panzano, donde aparcamos los coches. Desde la ermita comenzamos a andar entre un fuerte viento, siguiendo una pista con varias bifurcaciones siempre señaladas por los carteles puestos por el parque natural. En aproximadamente 1 hora la pista se convirtió en un camino ancho que sube cómodamente por toda la ladera del Tozal de Cubilás, hasta el collado del mismo nombre.

Cerca del collado, el grupo de cabeza tomó el camino que cruza la sierra en dirección a Used, para subir directamente al Tozal Cubilars y hacer los dos picos; el resto seguimos hacia el Tozal de Guara. En la cuerda  encontramos un viento fuerte, en ocasiones muy fuerte, que nos acompañó casi todo el trayecto haciéndolo muy incómodo en algunos momentos; aunque en la cima de Tozal de Guara, era, curiosamente siendo lo más alto, donde menos se sentía. Desde la cima pudimos disfrutar de un espectacular panorama del pirineo aragonés, desde el macizo de Aspe hasta los de la Maladeta, y especialmente de nuestros próximos destinos del mes de Junio: Cotiella y Peña Telera, con bastante más nieve  de lo habitual en esta época. La vuelta a Santa Cilia se hizo en grupos y sin ningún incidente, por el mismo camino que a la ida.  

En total 22,5 km, 1534 m de desnivel y unas 7 horas de marcha efectiva, para los que hicieron sólo el Tozal de Guara, a lo que hay que añadir los extras, que algún caso incluyeron subir hasta tres veces el Tozal de Cubilás.

Lunes, 14 de mayo.

El día amaneció despejado y sin viento, pero bastante más frío que los anteriores. La jornada prevista era la ascensión al pico Fragineto (1740 m) partiendo del aparcamiento de la Tejería (887 m), yendo por el barranco de la Fabana, para, después de pasar por las gargantas donde se estrecha el río, subir al cuello Lizana y a la cresta y seguirla hasta al pico; continuando hasta el puerto de Petreñales para volver por la garganta hasta el aparcamiento.

Salimos también a las 8:30, hacia el cercano embalse de Guara; donde tomamos una pista forestal transitable para todo tipo de vehículos, hasta el aparcamiento de la Tejería. La marcha comenzó siguiendo un camino señalizado con carteles al Tozal de Guara. Se trata de otro de los caminos tradicionales de paso entre las dos vertientes de la sierra, alternativa al del Guatizalema. La senda ancha y cómoda se adentra en la exuberante vegetación, primero entre pinos de repoblación y poco después encinares. La primera parada son las ruinas de la ermita de la Fabana, que también hacia de hospedería para el tránsito del camino. En pocos minutos llegamos al cauce del río Calcón, y a uno de los tramos más divertidos de la marcha: la travesía de un cañón estrecho ocupado por el río, que hay que pasar saltando de roca en roca, si la corriente lo permite.  Pasada la garganta el camino se bifurca, y tomamos el ramal de la izquierda hacia el cuello de Lizana, por una senda estrecha y de fuerte pendiente. Pasado el collado, la senda tiene tramos en los que se desdibuja entre la vegetación y las rocas, y una pendiente cada vez más acusada, que cerca de la cresta hace necesario el uso de las manos en algunas ocasiones.

Las vistas desde la cresta resumen el mejor paisaje de Guara: cañones, peñas verticales y bosque de cerrada vegetación mediterránea. Mirando alrededor pudimos ver el cañón del Guatizalema, con la joya verde del embalse de Vadiello al fondo, las abruptas laderas del Tozal de Guara y el llano de la Hoya de Huesca, completamente verde en estas fechas. Seguimos la cresta, ancha, fácil y sin pasos expuestos, hasta la cima, donde volvimos a encontrar la vista del pirineo nevado. Continuando por la cresta, ahora más suavizada, con un viento no muy fuerte, pero bastante frío, llegamos al puerto de Petreñales, donde por un camino entre el bosque del barranco de la Fabana, bajamos hasta la bifurcación de la mañana, para retomar el trayecto de ida, incluyendo una nueva travesía de la garganta.

En total 17 km, 1139 m de desnivel y unas 5:30 horas de marcha efectiva, para el grupo de cola.  Su única dificultad es que, en épocas de tormentas o deshielo, la fuerte corriente del río puede llegar a impedir el paso por la garganta.

 Martes, 15 de mayo.

El día amaneció despejado y más caluroso. Como suele suceder el día de vuelta, una parte de los asistentes a la salida no hicieron la marcha prevista y salieron pronto hacia Madrid, previo paso por el Oulet de Barrabés en Huesca. El resto nos encaminamos hacia el pueblo de Radiquero, donde nos esperaba un tranquilo paseo hasta el mirador de Las Capillas.

Después de un buen rato de turismo en coche por la primavera de Guara, aparcamos cerca del pueblo de Radiquero, en el único sitio donde podíamos dejar todos los coches: al lado de un enorme y oloroso depósito de estiércol. Emprendimos la marcha por una pista señalizada con carteles indicadores del Puente de las Brujas, muy cercano a nuestro destino, para poco después tomar un desvió por un pequeño camino que, atravesando dos pequeños barrancos, llega hasta la ermita de la Virgen de la Viña. Desde allí seguimos a media ladera con pequeñas, aunque fuertes subidas y bajadas, hasta llegar a la cabecera del barranco de las Capillas, donde un mirador permite contemplar las formaciones de caliza de la orilla opuesta; también vale la pena asomarse a los bordes del cañón para ver su fondo tapizado de cuchillas de caliza.  El camino llega hasta Las Almunias de Rodellar, siguiendo el cañón del río Balcés.

La vuelta la hicimos con una pequeña variante por el Camino Natural de Guara, que recorre toda la sierra. Un total de 17 km, casi 700 m y unas 4:40 horas. Después de volver al estercolero a recoger los coches, fuimos a Radiquero para comer, y volvimos sin incidentes, y sin atascos, a Madrid.

 Coordinador: Rafael Escribano

Texto: Pedro Bravo.

Fotos: Mariano Vardera, Juan Carlos Real y Pedro Bravo