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Aztazus- Punta de las Olas - La Munia - Comodoto

2 y 3 de Julio de 2016

Viernes 1 de julio de 2016

Llegamos en diferentes vehículos al refugio de Pineta, allí nos reuniríamos con  el grupo que realizaría la travesía de Néouvielle.

Sábado 2 de julio de 2016

La opciones eran tan atractivas que se formaron dos grupos, uno más pequeño se fue a hacer la punta de las Olas y el resto que hicimos los Astazus.

 

ASTAZUS

Nos dirigimos en coche al parking del valle, que se encuentra un poco antes de la ermita  y según nos ajustábamos la mochila, los más inquietos cogieron el camino con la indicaciones Balcón de Pineta, Lago de Marboré.  Un poco más arriba estaría nuestro objetivo, Los Astazus.

Empezamos la ascensión en un día claro y casi sin ninguna nube, al poco de iniciar la marcha y una vez atravesamos un pequeño bosque, nos reagrupamos unos pocos, los más rezagados,  en una fuente que nos refrescó y nos dio impulso para continuar, la senda ya sin sombra estaba muy bien marcada y la ascensión se producía sin mayores complicaciones, las diferentes cascadas que terminarían en el río Cinca descendían por el Balcón de Pineta haciéndonos disfrutar  de la belleza de este valle tan espectacular.

El camino hasta el Balcón estaba limpio de nieve  y únicamente existía un pequeño nevero con una huella muy marcada justo antes del repecho final.

Desde el Balcón de Pineta ya se veían los Astazus. Paramos un poco para inmortalizar tan perfecto paisaje y continuamos hacia el lago Marboré.  Lo primero que nos encontramos fue el murito de la presa y llegados hasta allí el lago, cubierto en su mayor parte de nieve y de ese hielo azul, tan característico de  los glaciares, cuando las burbujas de aire son expulsadas y  los cristales de hielo aumentan su tamaño, haciéndolo más claro.

El refugio de Tucarroya nos miraba desde lo alto de la otra orilla, pequeño, aéreo, sin más provocación que la de por qué los franceses lo pusieron allí, sin otra forma de llegar a él sino es a través de su canal, ahora terrosa e inconstante

Una vez en el Balcón nos encontramos con tramos de nieve seguidos de zonas de roca  pero la progresión fue bastante cómoda. Para ganar tiempo la mayor parte de los participantes se dirigieron directamente al collado entre los dos Astazus, en vez de seguir el camino habitual que va primero al Collado de Astazu para subir primero al pequeño y luego al grande.

El último tramo de nieve estaba bastante dura y tenía bastante caída, por lo que bastantes se pusieron los crampones.   En la base del collado entre los Astazus desapareció la nieve y pudimos progresar por roca sin ningún problema. 

Una vez en la cumbre volvimos por el mismo camino al collado, menos algunos valientes que decidieron subir después al Astazu pequeño por la cuerda.

El descenso fue rápido, parecía que la senda se desvanecía bajo los pies, los brazos caídos, despreocupados, la sonrisa perenne, grabada en cumbre.

En el valle nos esperaba esa  jarrita grande, dorada, fría, tan merecida después de esta gran ruta.

LA PUNTA DE LAS OLAS

El sábado 6 personas del Grupo de montaña Pegaso: José Luis, José Manuel, Chinto, Marian, Antonio y yo (Lola) decidimos realizar la opción contemplada en el programa de subir a la punta de las Olas (3.002m) desde el refugio de Pineta (1.230m)

Nada más salir del refugio nos encontramos con el reto de cruzar el río Cinca, que iba bastante crecidito y con el agua muy fría, a pesar de la avanzada época del año en la que estábamos. Chinto cruzó por el punto más cercano de donde comienza el GR y el resto subimos un poco río arriba con el objetivo de encontrar una zona más sencilla, esta tonta separación provocó que una vez cruzado el río, el grupo de 5 continuáramos río arriba con el objetivo de encontrarnos con el camino, cuando el camino lo habíamos dejado atrás, tras unas pequeñas vueltas por el bosque que nos hizo perder tiempo innecesariamente, nos reencontramos con Chinto y el GR y comenzamos la dura ascensión por un sendero que en algunas ocasiones obliga a realizar sencillas trepadas, para superar la pared vertical que se ve desde el refugio.

Después de una exigente subida, con la dificultad añadida de que la hemos realizado a un ritmo rápido llegamos al Collado de Añisclo (2.430m), donde reponemos fuerzas, reagrupamos y nos abrigamos, dado que la subida íbamos sudando y nos habíamos quedado en manga corta y en este punto y momento no luce el sol y corre un fuerte viento. El día esta nublado y desde este punto hay una niebla que ahora sí, ahora no nos permite disfrutar del espectáculo del valle de Añisclo.

Seguimos avanzando con el ánimo encogido, ya que la niebla nos impide ver cómo avanza el recorrido y además uno de los amigos ha decidido ir a un ritmo más lento y una vez que vemos que el tiempo no mejora, decidimos reagruparnos, porque debido a la poca visibilidad y lo expuesto del recorrido es mejor ir en un único grupo. Llegamos al primer paso de las cadenas que se remonta sin dificultad, eso sí la montaña nos regala con una buena ducha de agua fría, para despejar nuestra mente y cuerpo.

En el tercer grupo de cadenas, ‘el rezagado’ definitivamente decide no seguir y esperarnos allí hasta nuestra vuelta, se encuentra mareado y cansado y las piernas no le responden. Nos parece la opción más prudente y dado que el día está feo pero no extremadamente frio, ni se espera que empeore, decidimos seguir.

Tras superar la bajada por el canalón con las cadenas y con agua y con nieve seguimos nuestra ruta. La ascensión a la Punta de las Olas, aunque sin dificultad, demanda una fuerte subida. Ese día con la niebla cubriendo todo, también hace que sea un poco mágica dicha subida sin ver el final de ese nevero que tenemos a nuestra izquierda y por el que mejor no se nos ocurra resbalar.

Una vez en la cumbre nos damos un respiro: disfrutamos de las vistas intermitentes que tenemos y comemos, dadas las horas que son (13 ó 14 horas). En la bajada nos encontramos con un grupo que llevaba otra dirección y que venían del refugio de Góriz.

La vuelta se realiza por el mismo lado, con lo cual recogemos a nuestro compañero que ha descansado y se encuentra en plenitud de sus facultades mentales y físicas (Je, Je).

Una vez que llegamos al collado de Añisclo, Chinto propone que, en lugar de bajar directamente al refugio por el GR, en un punto dado del GR hay una desviación que sale a la izquierda según se baja, por el cual se recorre la faja Formosa y que nos lleva a la parte baja del Balcón de Pineta y a los pies de la cascada del Cinca. Y posteriormente ya perdiendo altura al Parador y al refugio de Pineta. Este desvío no supone añadir más desnivel, aunque sí algunos más kilómetros. Con alguna que otra duda, en algún miembro del grupo, al final decidimos hacer el recorrido completo y conocer este hermoso y camino. El tiempo se ha aclarado y apurando un poco todavía podemos llegar a la hora de la cena prevista: las 20:30. Recorremos el bonito camino y exigente con un ritmo muy acelerado, para no demorarnos en los tiempos y la última sorpresa del día nos la depara la deseada cascada del Cinca que viene del Balcón de Pineta. Agotados y con los pies húmedos, dado que hemos tenido que sortear nieve, cascaditas, duchas y pozas, descubrimos el último obstáculo que la ‘gymkana’ de hoy nos tiene preparados:  El río está desbordado a la altura del puente que lo atraviesa y para llegar al puente hay que meterse en el río que baja en ese punto con una fuerte corriente. Chinto, el aguerrido, comprueba que se puede alcanzar el puente dado que el agua a pesar de que lleva fuerza sólo cubre hasta por encima de las rodillas, (bueno, dependiendo de la altura, a alguna un poco más arriba me llega).

Superado este obstáculo, vaciamos nuestras botas del charco que se ha formado al atravesar el río, ya sólo nos queda seguir bajando, hasta encontrarnos con nuestros compañeros que todavía están tomándose unas cervezas en el aparcamiento de la ermita que nos bajan amablemente hasta el refugio, evitándonos los últimos 4 kms.

Un día largo, muy exigente, plagado de obstáculos que han sido superados con éxito y además todo esto con una excelente compañía ¿se puede pedir más?

Domingo 2 de Julio de 2016

El domingo es el día en el cual nos separaríamos de nuestros compañeros de travesía que  se dirigirían a Parzán y nosotros nos dividimos en 2 grupos, uno más grande que se dirigió a la Munia y otro más pequeño que opta por el  Comodoto.

LA MUNIA

Los 8 ocupantes: Santos, Manuel, Marian, José Luis, Esther de los 2 coches que deciden abordar el domingo una de las excursiones planeadas: la ascensión a la Munia (3.133m) desde Petramula (1.910 m), salimos desde el refugio de Pineta a eso de las 8 de la mañana, desde Bielsa llegamos a Parzán que está al pie de la carretera y allí comenzamos a ascender con los coches por una larga pista con grandes badenes que hay que rebasar con precaución de no dañar los bajos de los coches. Tras una interminable media hora o más, dejamos nuestros vehículos en Petramula.

Comenzamos la ascensión animados y sin prisa, pero sin pausa, ya que debemos regresar a Madrid ese mismo día. Nuestro objetivo es estar en los coches de vuelta a eso de las 3 ó las 4 de la tarde.

Una fuerte subida marca la diferencia de ritmo entre los distintos componentes del grupo, que se va estirando, no obstante, dado el pequeño grupo que somos, fijamos reagruparnos en puntos emblemáticos como el collado de las Puertas (2.520 m) donde todavía aguantan pequeños neveros, manchados ya por múltiples huellas de cabras y humanos.

A los pies de los lagos de La Munia tomamos un pequeño piscolabis y nos reagrupamos. En este punto uno de los ocho componentes de la expedición comunica que va a ir más despacio, a su ritmo y que si no sube a la Munia… pues que ya subirá en otra ocasión. Como el día está despejado y la visibilidad es amplia, quedamos en encontrarnos a la bajada.

A la izquierda del primer lago debemos de atravesar un nevero que todavía resiste, con nieve bastante dura pero sin mayor complicación y prestando más atención de lo habitual de dónde se pisa, se rebasa sin dificultad.

Llegando al collado de la Munia (2.845m) otro de los componentes decide, intentar abrir una vía nueva de ascensión al pico, con el objetivo de evitar el conocido Paso del Gato. El resto de los componentes, seguros de que no hay otra vía más simple que la estándar y conocida Paso del Gato, le abandonan a su suerte, mientras se ponen crema y guardan bastones. Antes de que los 6 últimos miembros aborden ya la temible ascensión, aparece de regreso y con desánimo el explorador, indicando que en ese primer vistazo no ha encontrado una vía más fácil y que nosotros subamos que él ya nos cogerá cuando encuentre ese ‘camino de rosas’ deseado.

Los 6 componentes empezamos una entretenida trepada y al poco otro de los componentes se retira, esto parece la película de ‘Los diez negritos’ pienso. El resto seguimos trepando hasta el temible ‘Paso del Gato’ (2.962m) que se rebasa con precaución y cierta dificultad, pero todo dentro de nuestras posibilidades.

Llegamos a la deseada cima de la Munia (3.133m) que se hace de rogar debido al entretenimiento que tiene toda la cresta cimera y allí cumplimos el consabido ritual cimero de besarnos, abrazarnos, hacernos foto de cumbre, comernos unos panchitos, plátano o el pertinente tentempié y rapidito a empezar a bajar que se nos hace tarde.

En la bajada nos cruzamos con un numeroso grupo, bueno como el nuestro 6 ó 7 cabezas, de franceses. Les deseamos buena ascensión y seguimos. Una vez ya en el collado de La Munia comemos los que habíamos ascendido y según deshacemos el recorrido de ida vamos recogiendo al resto de componentes de la expedición, hasta que volvemos a ser los 8 que empezamos. Los que no hicieron cumbre se entretuvieron a su manera: uno desarrollando su creatividad haciendo un hito con forma de avión, otro abandonándose al placer sin igual de una buena siesta con vistas impresionantes, otro a meditar sobre su vida…

Como estaba previsto partimos hacia Madrid a eso de las 15.30 ó 16.00, con ropa limpita, satisfechos por el estupendo día que hemos pasado y agotados por el desnivel que nuestras piernas llevan acumulados en los dos días de excursiones.

COMODOTO

Nos dirigimos al pueblo de Espierba y aparcamos donde termina la carretera. A pocos metros cogemos un camino de zetas que gira a nuestra derecha y seguidamente preferimos atrochar por  los esquivos puntos naranjas que marcan la senda,  en poco tiempo alcanzamos el collado de Espierba, continuamos por  la cuerda hasta la cima del Tozal Blanco, desde donde nos encontramos en medio del valle de Pineta a nuestra izquierda y el de Parzán a nuestra derecha, un enclave admirable y único entre dos valles.

Una vez que coronamos el Comodoto, tranquilamente sacamos unas viandas y nos dispusimos a disfrutar de este sitio sin demasiado mérito pero un lugar excelente  para apreciar nuevamente, y desde otra perspectiva, la magnitud y grandeza del valle y  del Balcón de Pineta y maravillarnos de cómo un punto perdido entre valles, puede ser el circo de los picos más emblemáticos de Pirineos.

La vuelta sin prisas pero a buen ritmo la realizamos por el mismo camino. Llegamos a los coches al medio día, una estupenda hora para iniciar contentos nuestro regreso a Madrid.

Coordinadora: Isabel Valdivia