Islandia

 


 

     Foto: César González Palomo

 

 17 de Julio de 2013 // Seydisfjordur - Lodmundarfjordur

Distancia: 16.7 Km.
Desnivel subida: 819 m.
Desnivel bajada: 868 m.

5:30 Desayuno tipo buffet de los que le entusiasman a Raquel, con alimentos orgánicos.
6:15 Nuestros taxis nos esperan. (¡Con el taxímetro ya en marcha!)


Traslado hasta el aeropuerto doméstico donde nos dejan facturar absolutamente todo, ¡yupiiii! ¡sóy-fé-líz!
Un avión de los de hélices con veterana azafata incorporada nos muestra desde el cielo el glaciar más grande que he visto en mi vida y apenas una hora después del despegue aterriza y abre sus puertas escupiéndonos en Egilsstadir, donde afortunadamente encontramos puntual a nuestro conductor de nombre Stein.


Su peso “pelín” excesivo diría de él que no es muy montañero, pese a lo cual parece conocer al dedillo todos los senderos de Islandia. Fruto de su conocimiento y sin que se lo pidamos se salta nuestro lugar de inicio planeado, Seydisfjordur, ahorrándonos 5 km de pista y colocándonos en el lugar donde comienza el sendero directamente subiendo. Las vistas al fiordo son impresionantes.

Foto: César González Palomo

Nos despedimos de nuestro “fornido” conductor y comenzamos a subir primero siguiendo estacas señalizadoras y después el camino que parece definido, dejando el fiordo atrás y a nuestra derecha. Alcanzamos Hjálmárdalsheidi (650m.), donde Arturo encuentra un cuaderno guardado en un tubo de metal entre las piedras que componen el hito y deja testimonio escrito del paso de los Pegasos por tan hermoso paraje.

En ese punto alcanzamos la máxima elevación del día y, siguiendo nuestros tracks, giramos hacia la derecha de nuevo, manteniendo la altura. Atravesamos nuestro primer nevero islandés (¡qué emocionante!).

Cuando comenzamos a bajar seguimos el camino por la derecha de los postes de la luz que en cierto momento desaparecen. Continuamos por la derecha del Hjálmádalur, un río relativamente caudaloso que debemos cruzar, pero el lugar donde las señales indican el cruce es imposible. En ese preciso momento (¡asombroso!) coincidimos con las dos únicas personas que encontramos en todo el camino. Nos indican un puente de nieve volviendo sobre nuestros pasos por el que podemos cruzar. Algunos se arriesgan a cruzar con éxito antes de llegar al puente, otros se descalzan eligiendo una zona tranquila para vadearlo, aunque casi todos subimos hasta el nevero y de nuevo bajamos con las promesa del mar ante nuestros ojos.

Hemos llegado al borde del fiordo y frente a nosotros tenemos los acantilados y la pista por la que caminaremos mañana. A nuestra derecha el mar, y a nuestra izquierda el hilo bien definido del camino que nos coloca en la magnífica playa. 

 

César, ávido de imágenes con las que alimentar su cámara e ignorante del peligro que se cierne sobre él, se adentra en la playa. (Pausa dramática)

El resto le adelantamos ignorando completamente el episodio que está a punto de protagonizar en su particular versión de la peli “Los Pájaros”.

Bueno, en realidad no le arrancan los ojos ni nada, pero sí que se tiran en picado sobre él, como comprobaremos será comportamiento habitual entre las aves marinas que encontraremos a lo largo de este primer trail.
La granja en Saevarendi parece estar deshabitada y los puentes cercanos que debemos cruzar dan un poco de canguele, aunque uno a uno vamos pasando. El camino, desdibujado desde la playa, se convierte en una pista de más o menos dos kilómetros que nos lleva hasta nuestro refugio entre campos plagados de chorlitos que nos recriminan a gritos nuestro paso por allí.

El refugio está reluciente y novísimo y tiene ducha, aunque cuesta 500 coronas. Mientras esperamos a Luis y a Raquel, que se entretienen un rato en la playa de las gaviotas asesinas, algunos participantes hacen uso de la ducha mientras los demás charlan o se pasean por la “diminutive church” (según adjetivo de la guía que utilizamos) y la cascada cercanas.

La cocina es muy amplia y nos organizamos rápidamente para hacer la cena. Arroz que hemos comprado y un segundo plato preparado (de los que no necesitan frio) que trajimos de Madrid.
Gonzalo nos había chivado que era el cumple de Pablo así que le sorprendemos con un muffin transportado ex profeso para celebrar tan magno evento.

 


18 de Julio de 2013 // Lodmundarfjordur - Breidavik


Distancia: 29.8 Km.
Desnivel subida: 1.471 m.
Desnivel bajada: 1.473 m.

 

6:30 desayunamos lo que hemos transportado hasta nuestro refugio particular en el que ¡sólo se aloja nuestro grupo! (¿porqué tanto problema para reservar entonces?)

¡Leches!, descubrimos: ¡no hemos comprado leche! Hacemos de tripas corazón y nos adaptamos al café/chocolate aguado. Somos recios montañeros así que hasta nos permitimos bromear sobre el trascendente episodio.

El señor del refugio nos indica que podemos alcanzar la granja Stakkahalid sin necesidad de volver por la pista de ayer. Nos lanzamos a atravesar los prados y el camino que inicialmente seguimos finalmente se convierte en un humedal. Nos empapamos los pies y descubrimos que tenemos que cuidar mucho de donde pisamos para literalmente “no ir pisando huevos” ni ningún pollito de los nidos que hay depositados directamente sobre el suelo.

Foto: César González Palomo

Llegados al pintoresco letrero de la granja nos incorporamos al track planeado para hoy, que nos llevará la mayoría del recorrido por pistas anchas, y recorriendo en sus primeros kilómetros la parte contraria del fiordo por el que bajamos ayer.

A pesar de lo poco atractivo que resulta caminar en pista, el disfrute del paisaje es innegable y para completarlo, de pronto el rio Hrauná nos sorprende con una cascada salvaje.
Pasada la cascada pero un poco antes de llegar a la casa abandonada de Nes, un cartel nos avisa de la posibilidad de atajar por el monte hacia los Neshals (435m.). El cartel está mal colocado porque describe el itinerario en sentido contrario, pero aún así, unos pocos preferimos romper la rutina de la pista.
El resto continúa caminando por ella, mientras nosotros constatamos, observando las huellas de botas que nos encontramos, que efectivamente el recorrido se suele realizar en sentido contrario. Pero ¿por qué hacer lo que todo el mundo? Jejeje.
La niebla hace que perdamos el camino brevemente, a pesar del color fosforito de las estacas señalizadoras. Nuestros compañeros, con los que hemos quedado en la intersección del camino con la pista, hacen uso de sus silbatos para indicarnos su posición. Junto con algunas aves de la zona, nos unimos al coro de silbidos y nos atrevemos incluso con melodías futboleras. ¡Dale marcha a Islandia, quillo!

Efusivo reencuentro, breve refrigerio, y comenzamos a bajar por la pista todos de nuevo. No se ve “ná de ná” con la niebla persistente, pero en cuanto abandonamos las partes más altas, las nubes desaparecen y nos muestran el valle en el que se encuentra el refugio de Husavik, en el que hacemos un pequeño alto para reagruparnos. De nada sirve, pues unos metros adelante encontramos más cascadas y debido a los tiempos dispares de las sesiones fotográficas, nos desperdigamos de nuevo.

La pista nos vuelve a conducir metro a metro hacia arriba, en ocasiones a través de verdaderos pasillos de nieve acumulada y rodeados de niebla que da al paseo un puntito místico. Ya en bajada llegamos a Krossmelar, la intersección donde tendremos que desviarnos a la derecha para llegar a Breidavik y nuestros estómagos rugen como bestias exigiendo combustible. A pesar del viento nos sentamos a comer. Ya no hay niebla y llevamos recorridas más de las dos terceras partes de la etapa.

Al ponernos de nuevo en marcha y cruzar los lechos de los ríos podemos observar la roca madre blanca bajo una escasa capa de sedimentos y frente a nosotros los ríos meandrosos surcan el valle.
Ya con nuestro hogar a la vista pasamos junto a lo que parece un volcán y con la tontería del “nohaygüevos”, se nos antoja subirlo.

Inconscientes: Juanjo, Jesús, César, Antonio, José Luis y yo misma nos enfrentamos con coraje a su infame pedrera.
Resultado de la inconsciencia: no hay cráter, pero nos llevamos los colores de las montañas y el cielo islandés en nuestras retinas, memorias y cámaras.

Balance de la inconsciencia: Valió la pena. (Así no vamos a aprender nunca prudencia…)
Unas primeras gotas de lluvia (que se quedan en primeras y últimas) nos hacen apresurarnos en bajar. De vuelta a nuestra pista y ya llegando a nuestro destino nos vemos obligados a quitarnos las botas para vadear un brazo del rio Storaá cercano al refugio, mientras sufrimos el acoso de las aves que defienden a sus polluelos de nosotros, pobres infelices vadeadores de ríos.

En el refugio no cabe un alfiler, y tenemos que sacar las uñas y los dientes y dar algunos mordiscos y codazos figurados para cocinar nuestra cena.

Nos vamos pronto a la cama, no sin antes escuchar los útiles consejos de una guía islandesa que cocina para sus clientes un guiso no sabemos bien si apetecible o no.

 


 

19 de Julio de 2013 // Breidavik - Borgarfjordur

Distancia: 26 km.
Desnivel subida: 1.388 m.
Desnivel bajada: 1.402 m.

El cisne que nos sobrevuela se dirige, como chivándonos el camino, hacia la dirección que debemos tomar. Hemos desayunado a las 6:30 (ya totalmente acostumbrados a la falta de leche, já!) y hemos cruzado el puente tras la caseta, comenzando a ascender muy gradualmente. Cada vez que echamos la vista atrás vemos nuestro volcán extra de ayer con orgullo. Contrastan sus colores con los montes vecinos.

Continúa el ascenso, y al llegar a un cruce con un cartel señalizador encontramos bastante a mano el pico Glettingur (553m.), aconsejado por la guía/cocinera de ayer.

Aplicando nuestro famoso principio de “prudencia”, ocho de nosotros decidimos intentar el ascenso mientras el resto continúa la ruta según lo planificado. Dos compañeros más se incorporan posteriormente ascendiendo desde el siguiente valle.

Una vez en el pico las vistas nos cortan la respiración. Acantilados de colores, un faro solitario, montañas iluminadas por el sol y el mar... y el olor a sal.

Con renuencia abandonamos el pico para continuar la jornada en busca de nuestro camino original, siguiendo los pasos de nuestros compañeros.

Nos dirigimos a un collado que nos lleva hasta Suluskard, y llegados a la zona el camino comienza a descender hacia la playa de Brunavik y su “refugio de emergencia/máquina del tiempo” (suspendido en algún momento entre los años setenta y ochenta).

Foto: Sara Díaz Martí

 

Paseamos por la playa, incluso Antonio ¡se baña! (definitivamente esta gente está pirada…) y comemos en las rocas de uno de sus extremos entre el afluir incesante de visitantes en muchos casos típicos domingueros.

La comida en nuestros estómagos protesta inquieta cuando alzamos la vista para observar los últimos 350m. de ascenso que afrontaremos hoy, que nos llevarán hasta Brunavikurskard. Una vez pasado el collado se abre ante nosotros Borgarfjordur y Bakkagerdi, donde se encuentra nuestro alojamiento.

Pero antes de dirigirnos allí, y por si no hubiésemos tenido suficiente, queremos visitar a los graciosos “puffins” (o frailecillos en cristiano, nunca mejor dicho) de la islita de Hfnarhólmi. Joer, ¿y a éstos bichos se los meriendan? Estos islandeses…

Últimos kilómetros de los que no gustan por carretera rodeando el fiordo, aunque llevaderos por la conversación.
Compras rápidas, ducha, cena-degustación de platos típicos locales para algunos y paseo de última hora de observación de la ya experimentada “noche blanca”.

Luis busca la luna desesperadamente entre tanta claridad.

 

 

 


20 de Julio de 2013 // Borgarfjordur - Borgarfjordur

Distancia: 8 km.
Desnivel subida: 711 m.
Desnivel bajada: 711 m.

 

La ruta de hoy no está planificada, sino que la decidimos sobre la marcha. La idea es “descansar activamente”, así que desayunamos a las 8:00 (¡qué lujazo!), y fijamos como objetivo Storurd, un punto de interés que no llevará muchas horas completar.

 

Foto: Antonio Pajares Bernárdez

 

Comenzamos bien, pero nos desviamos en la primera intersección indicado Bakki. Unos caballos islandeses vienen a saludarnos, pero no nos avisan (los muy insolidarios) de que nos hemos equivocado, así que localizamos unas estacas señalizadoras y las seguimos alegremente. Bastante arriba nos damos cuenta de que hemos tomado el camino hacia el pico Geitavikurthufa (697m.), así que nuestros planes cambian rápidamente. Únicamente Ignacio, José Luis y José Antonio deciden ir hacia la base del imponente pico Nattmalhnjukur (795m.) para hartarse a hacer fotos, completando una circular hasta el pueblo.

Los demás bajamos algunos por donde hemos subido y otros por el norte de la localidad.

Llegamos a tiempo para comer, ocuparnos de las compras, la colada, y la mochila de mañana.
Decidimos ir todos a cenar la típica sopa de pescado del país e inundamos el pequeño local Alfacafé de españoles hambrientos. Un panorama aterrador para las pobres camareras no habituadas a nuestros usos y costumbres.

 

 

 

 

 

 

 

  

  

 

 


 21 de Julio de 2013 // Bjafafell - Geldingafell


Distancia: 22.9 km.
Desnivel subida: 489 m.
Desnivel bajada: 567 m.

El conductor conoce la ruta porque la completó hace dieciséis años, antes de que naciese su hija. No me habla sobre el glaciar como tramo “estelar” de la jornada, sino sobre el río junto al refugio, y me entran unos nnnerviossss que paqué escuchando su descripción.

Tras desayunar, salimos hacia Bjafafell. En cuatro horas de autobús tenemos tiempo de dormir, de ver el paisaje, de escribir sobre nuestros sueños, de charlar, y de parar durante quince escasos minutos en una de las muchísimas cascadas visitables de Islandia.

La hija adolescente del autobusero nos acompaña escuchando pacientemente sus anécdotas de Prematuro Abuelo Cebolleta.

Acercándonos a nuestro destino el paisaje cambia radicalmente. Desaparece el verde, y al pasar junto al pico Snaefel por su parte O, paramos para hacernos unas fotos. Tras vadear algunos ríos y reportarnos debidamente en Snaefelskali (actualizando de paso nuestra información sobre los puntos de entrada y salida del glaciar), el bus nos deja en la Luna. O cuanto menos en un lugar que se le parece mucho mucho mucho.

Son las doce y cuarto y sin más ceremonias nos ponemos en marcha, pues aún tenemos todo el día por delante. No hay camino ninguno (de vez en cuando algún hito perdido) y la orografía lo permite, así que tiramos toopalante en línea recta. Una hora y cuarto de línea recta y una leve subida nos trasladan hasta una pequeña loma desde la que el “Excelentísimo Sr. Glaciar” nos saluda imponente. Inmenso, el río de hielo gigantesco que forma la lengua Eyjabakkajokull, se vierte sobre el valle, permitiéndonos observar una extraña dinámica temporal sobre un elemento que resulta aburridamente estático en la escala de nuestro calendario ¡…..! … (¡toma ya!, lo que inspiran los glaciares…)
Paramos a comer y recuperar fuerzas antes de enfrentarnos al monstruo.

Los últimos metros hasta el borde del glaciar consisten en barro y piedras descompuestas, así que aunque con ciertas reservas, agradecemos la solidez del hielo. A nuestra derecha un estruendo distante nos recuerda que el hielo se puede caer, lo que nos hace comenzar nuestra andadura con mucha precaución.

Tras pocos minutos olvidamos el ruido perdiendo el miedo y comenzamos a disfrutar de la experiencia. Un montón de fotos tituladas "yo anduve sobre un glaciar", mucho asombro, algo de cachondeo, y dos kilómetros ochocientos metros de hielo puro después, pisamos tierra.

Foto: Luis Lobón Sánchez

Todos estamos enteros (toma!) y encantados, y hacemos un breve alto para reagruparnos. Tenemos que seguir, y el viento que se ha levantado en los últimos metros de glaciar nos acompaña. Afortunadamente tenemos gps y nos dirigimos hacia nuestro track con cierta velocidad, aunque avanzando con cuidado debido a lo descompuesto del terreno.

Cruzamos una segunda lengua de glaciar (Vesturdalsjokull) mucho más corta, y unos minutos más tarde se abre ante nuestra vista al completo el valle donde deberíamos ya ser capaces de atisbar nuestro refugio.

Jugando un rato a “¿Dónde está Geldingafell?” con ayuda de los prismáticos de Juanjo, César gana la partida descubriendo el refugio rojo y amarillo allí donde Cristo perdió el mechero.

Uy… y encima nos queda un río grandote que vadear… joer ¡qué estréééssss!... ¡si son las mil!...

Sólo Jose Antonio sigue el track al pie de la letra. El resto seguimos a Arturo manteniendo la altura para intentar cruzar los ríos aprovechando los puentes de nieve, aunque llegado un punto tenemos que bajar, para encarar la última breve subida hasta el río cercano al refugio.

Y ¡por fin! el río Blandà (para los colegas “río de las narices”). Y sí que lleva agua, sí. Juanjo como siempre busca el lugar más seguro y unos pocos remontan con él en busca de un puente estable de nieve. El resto cruzamos sobre uno algo más precario pero con huella que parece reciente, una vez que César, nuestro primer valiente, se aventura sin consecuencias. 

De uno en uno y con mucho cuidado vamos cruzando todos en pocos minutos (si he de ser sincera, los más angustiosos de todo el viaje para mí).

Descubrimos que tenemos cobertura y, siguiendo sus instrucciones, enviamos un mensaje a los rangers de Snaefellskali para informarles de que seguimos siendo dieciséis (jojojóy!).

Y para terminar el día como si se tratase de una Ginkana, una última sorpresa: El minúsculo refugio se encuentra cerrado a cal y canto con un sólido candado aunque yo pensaba que el código que me habían facilitado era para introducirlo en una cerradura del tipo de los hostels modernos. Ya nos veía en la puerta a todos apelotonados para darnos calor y comiendo tallarines duros, cuando descubrimos un pequeño armario a la derecha de la puerta con tres cajetines cerrados en su interior. Una vez introducimos el código facilitado en el cajetín indicado, este se abre, liberando una brillante llave que rápidamente probamos a introducir en el candado de nuestros desvelos.

Mágica y tranquilizadoramente el candado se desbloquea permitiéndonos acceso al “diminutive refuge”, del que rápidamente tomamos posesión. Sólo nos falta incrustar una bandera en algún sitio en plan conquistador, aunque el refugio es tan pequeño que me pregunto dónde cabría... Aún así cabemos los dieciséis, y salvo el pobre Gonzalo, al que el refu le va una talla pequeño, dormimos y cenamos todos estupendamente.

 


 22 de Julio de 2013 // Geldingafell - Egilssel

Distancia: 20.2 Km.
Desnivel subida: 633 m.
Desnivel bajada: 791 m.

A las 8:00 desayunamos (esta vez hemos traído crema de leche, que estamos en todo). Dejamos todo recogido, quemamos la basura en un bidón preparado a tal efecto y salimos pitando hacia el siguiente refugio.

Al principio vamos rápido, aunque poco después nos relajamos y disfrutamos del “nacimiento” del río Jokursa i Loni, que se escapa de debajo de la lengua de glaciar Vesturdaljokull y que desaparece drásticamente unos kilómetros más adelante. Descubrimos que sus aguas de pronto se precipitan salvajemente en un cañón y decidimos parar en ese punto a comer para disfrutar un rato del paisaje. Como en los mapas no parece tener nombre, bautizamos a la cascada “Pegasofoss”. Como cualquier Pegaso, la cascada está llena de brío, jeje.

Foto: César González Palomo

 

Nos da pena continuar, pero debemos. Para superar el río Vesturdalsà por algún lugar accesible el track nos indica subir. Así lo hacemos. Para después bajar (por supuesto) atravesando neveros, tropezándonos con alguna cascada y llenándonos los ojos con los lagos al fondo.

Muy cerca del refugio los compañeros más adelantados sorprenden a una manada de renos que sale al trote en cuanto les ve. Junto al agua los mosquitos nos asedian un poco aunque no son de los que pican, afortunadamente. En las explanadas el terreno es más húmedo y terminamos por mojarnos bastante las botas.

Rodeamos el lago Kollumúlavatn por su izquierda y en la orilla opuesta vemos el refugio y a los franceses junto a su guía islandesa, que compartirán el alojamiento con nosotros.

Mientras ellos terminan de cocinar, nosotros plantamos dos tiendas (facilitadas por el refugio) para cuatro personas, según lo acordado con la empresa gestora del mismo. Esta noche nos saldrá gratis a todos gracias a los voluntarios que dormirán en tienda.

Sobre las nueve comenzamos a cocinar y cenamos sentados en las camas. Egilssel no es tan pequeño como el refugio anterior, pero le falta poco.

Ésta vez nos aseguramos de que Gonzalo tenga una cama para él solo.

Por fin Luis encuentra a su esquiva Luna y pasa un ratito a su vera.

 

 

 

 

 

  


23 de Julio // Egilssel - Illikambur
Distancia:12.3 Km.
Desnivel subida: 612 m.
Desnivel bajada: 963

Desayuno a las 7:00, molestando a nuestros compañeros franceses que querían madrugar menos y tomarse la jornada con calma.

A nosotros nos estará esperando el autobús para llevarnos a Hofn a las 12:30, así que debemos darnos algo de prisa.
Comenzamos cruzando el río junto al refugio y huyendo de los mosquitos que nos acosan inclementes. Las primera parte del recorrido esta incluso en exceso señalizado y resulta muy sencillo. Nuestra idea original era acercarnos hacia Tröllakrókahnaus para observar el cañón horadado por nuestro ya amiguete el Jokursa i Loni, pero las señales que seguimos retrocederían en dirección contraria a la que debemos ir dos kilómetros, lo que nos haría llegar demasiado tarde a nuestro encuentro con el autobús, así que caminamos unos cientos de metros y nos acercamos al borde (que es bastante espectacular), y con el atisbo nos conformamos.

De nuevo en el desvío seguimos las marcas que nos llevan hacia Mulaskali Hut. Pocos metros después otra bifurcación nos conduce, o bien al refugio directamente, o bien a una cascada por un camino ligeramente más largo. Elegimos el largo de bajada y de vez en cuando nos asaltan olores de alguna planta que debe ser tomillo salvaje. Nos adentramos hacia el amplio cañón, y ya llegando a su fondo, por donde corre el río, cruzamos un pequeño bosque de abedules.
Nos quedamos en la margen izquierda del río y en cierto paso unas cadenas dan seguridad a los senderistas sobre una cascada poco cargada de agua pero de bellos colores.

Nos cruzamos con una ranger, que parece, por las tijeras de podar, la sierra, y en general su equipo, ocuparse del acondicionamiento del camino.

Continuamos hacia el refugio, ya queda poco. Primero encontramos la cabaña del ranger y un poco más abajo la casa grande, donde una señora nos cuenta que trabaja en el refugio durante tres semanas en verano y nos indica el camino hacia Illikambur señalizado de antemano por el autobús azulito que sorprendidos hemos visto y nos espera encaramado en un lugar imposible del monte cercano.

Continuamos el camino, pues el conductor espera. Tenemos una última subida ciertamente intensa hasta el bus, pero la etapa ha sido preciosa.

Foto: José Antonio Fagúndez García

 

Una vez en el autobús nos relajamos, aunque hacemos mal, pues los paisajes desde el mismo son espectaculares y el paseo en sí toda una aventura. Incluso aplaudimos en ocasiones la destreza de nuestro conductor, que baja por terraplenes y cruza ríos con una soltura que da miedo. Terminamos en lo que parece un delta gigantesco y poco después nos incorporamos a la carretera, culminando la tarde instalándonos en nuestro hostel de la HI en Hofn, junto a nuestro conductor Sveinn (que no Stein, ese era otro), que amablemente nos lleva a hacer la compra.
Lavadoras, cenas, charlas... Se hace la hora de ir a dormir, pero mañana no madrugamos.

 


 

24 de Julio de 2013 // Jokulsarlon // Skaftafell (Parque)
Distancia: 14 km.
Desnivel subida: 400 m.
Desnivel bajada: 400 m.

 

A las 8 desayuno tipo buffet, abundante y muy rico.

El plan para hoy es turistear, así que muchos nos calzamos las chanclas y pasamos de las botas, especialmente Pablo, al que le está saliendo un callo en el tendón de Aquiles a causa de la bota (ayayay!, pobre!).

Nuestra primera parada sugerida por nuestro campechano conductor, es para admirar los glaciares. Foticos.
Siguiente parada en Jokulsarlon, donde las focas nos evitan. El día se ha nublado y algunos rodeamos la laguna medio melancólicos, mientras el resto se refugia del fresco en el autobús. Más foticos.

De nuevo bus camino hacia Skaftafell (Parque Natural), algunos miramos el impresionante y continuo paisaje mientras otros aprovechan para dar una cabezadita. Llegamos a las instalaciones del parque atestadas de visitantes.
César propone hacer una circular que incluye la visita a Svartifoss, además de un vistazo “a vista de pájaro” (300 m. por encima) del glaciar.

Mariona y Sarita, verdaderas especialistas en botánica, van nombrando las especies de flores y plantas que Luis y Antonio se han intentado aprender con más o menos éxito a lo largo de los días anteriores.
Foticos, más foticos y mucho relax.

Foto: Luis Lobón Sánchez

Tanto relax que cuando llegamos al autobús llegamos casi casi tarde. Aún tenemos dos horas y media de camino hasta nuestro alojamiento Hellisolar y son prácticamente las siete y media. Llamamos al albergue para avisar de que vamos hacia allí.

Último sueñecito y foro de peliculeros de lo más animado dirigido principalmente por los especialistas Antonio, Jesús y Gonzalo.

Ya en el albergue/restaurante/bar/karaoke nos están esperando con la cena preparada y como buenos montañeros, arrasamos. No es muy abundante pero tanto el cordero como el pescado están deliciosos. Una de las empleadas es chilena y otra española y nos hacen de intérpretes. El dueño es muy divertido y nos anima a hacer uso del karaoke, cosa que hacemos sin vergüenza ninguna ante las risas del personal del local y los pocos clientes que quedan. Primero Jesús se arranca con unas coplas a capella, y después unos pocos formamos un coro de karaoke espectacular con el resultado de un humillante 8 sobre 100 en la puntuación final del tema “Chiquitita”, en versión inglesa (como hecho atenuante).

Sólo nos queda ir a dormir para olvidar.

 


 

25 de Julio // Landmannalaugar - Hvanngil
Distancia: 26.5 Km.
Desnivel subida: 1027 m.
Desnivel bajada: 1063 m.

Excelente desayuno a las 6:30 tipo buffet.
Últimos preparativos, reparto de comida común, y partimos hacia Landmannalaugar con el bañador preparado.
El viaje hasta allí nos toma dos horas y media pero en los últimos kilómetros el paisaje cambia espectacularmente. De pronto los dormidos se despiertan y esperan ansiosos llegar al destino.

Son las 10:30 cuando llegamos y, tras una foto con nuestro autobusero y la despedida de rigor, nos dirigimos como las balas hacia el manantial de aguas termales que hay en el lugar al tiempo que firmamos en la lista de seguridad del parque para avisar de que dieciséis españolitos merodearemos por esos lares.

Sorprendentes las aguas calientes, en algunas zonas incluso insoportables. Disfrutamos unos minutos del baño y con los dedos arrugados como pasas nos vestimos y nos dirigimos a tomar un café en el pintoresco supermercado del lugar, antes de ponernos en marcha.

 

Un paisaje espectacular tras otro. Fumarolas, campos de lava y cenizas, colores pasteles... Es una etapa larga pero merece la pena cada metro. Da igual donde mires. De pronto, tras varios kilómetros, superado el refugio de Hfratinusker y tras los últimos tramos volcánicos, se abre uno de los paisajes más bonitos que he visto en mi vida. Una serie de valles y el lago Alftavatn al que nos dirigimos, bañados por la luz que se filtra entre las nubes e inundan de magia el lugar.

 

A pesar de que llevamos algo de prisa porque hemos salido muy tarde, no podemos evitar parar para respirar el paisaje. Las cámaras trabajan a destajo aunque no consiguen hacer justicia. Mis palabras, torpes: mejor silencio…

  Foto: César González Palomo

Foto: César González Palomo

 

La siguiente bajada aumenta un poco nuestra velocidad media (sobre todo la de alguno que rueda por ella, lo que son las prisas…). Llegamos al refugio Aftavatn a las 20:30, aunque nos quedan aún cinco kilómetrazos.

Los más adelantados empezarán a hacer la cena. Debemos vadear aún dos ríos (el segundo te congela las entrañas empezando por los pies) antes de llegar a nuestro destino, algo más pequeño que el refugio por el que acabamos de pasar, aunque también más entrañable. El guardián tiene una novia española, habla español con acento “mucho bueno caracolo” y está deseando practicarlo. Es muy amable, así que nos hace algunas sugerencias para el día siguiente.
Como cada noche no termina de atardecer y nos vamos a la cama de día, aunque no es pronto. Ha sido un laaaargo día, pero cada minuto disfrutado.

  


 

26 de Julio de 2013 // Hvanngil - Hvanngil
Distancia: 22 Km.
Desnivel subida: 781 m.
Desnivel bajada: 781 m.

Varias opciones se plantean tras el desayuno a las 8 de la mañana. Hemos recordado traer leche peeeerooo… ¡se nos ha olvidado el azúcar! (¡vaya por Dios!).

Dos personas se quedan en el refugio. Otras hacen una ruta corta circular por los picos cercanos, otras toman un rumbo de aproximación al glaciar y unas cuantas nos acercamos al cañón Torfahlaup rodeando el lago Alftavatn, y en una zona tranquila nos bañamos y comemos.

A la vuelta nos da pereza volver por el mismo sitio, con sus mosquitos y su desierto, así que nos inventamos una ruta circular enlazando con la pista que recorreremos mañana. Vadeamos el río Kaldaklofskvisi y rodeamos el pico Storasula a media ladera. Excelente decisión, coincidimos. Desde arriba a lo lejos vemos una manada de caballos que corren por la pista guiados por unos pocos jinetes. A la estampa, en mitad de la llanura desértica, sólo le faltan los indios y la diligencia para parecer una peli del oeste (yijaaaaa!!!!).

Una vez llegados a la pista la seguimos en dirección a casa y nos encontramos de sopetón de nuevo con el río Kaldaklofskvisi que no hace más que dar vueltas el maldito… Otra vez tenemos que vadearlo y está frío frío frío…

Casi llegando al refugio encontramos muy a mano el pico “No-sale-l-nombre-n-los-mapas-tafell” (728m.), cercano al refugio. Tardamos 15 minutos en subir y las vistas son muy buenas. También dispone de tubo de metal con cuaderno y boli guardados en su interior donde plasmar nuestras impresiones para alborozo de posteriores visitantes.

Foto: César González Palomo

La bajada es rápida y, cómo aún es pronto, nos acercamos a observar los caballos de la llanura que comen apacibles mientras Pablo les molesta y es castigado por los dioses mediante un rayo electrificante (procedente de la valla que rodea a los caballos, jejeje…). Todo el proceso queda convenientemente grabado en vídeo entre las risas de los allí presentes. Aunque Pablo no se ríe, me pregunto por qué…

El refugio está muy lleno, así que hacemos pronto la cena para no tener que esperar demasiado.
Además de la compañía y el paisaje, tenemos algo más que celebrar: César cumple un añito más. Conseguimos una tarta/bollo y unas velitas/palos y le cantamos “feliz, feliz, en tu díiiaaaaa…”. El tono mucho mejor que el de “Chiquitita”, aunque lo nuestro no se arregla ni ensayando…

Últimas y encarnizadas partidas de cartas (con resultado de una humillante derrota del equipo femenino), y a dormir.
Mañana de nuevo un día duro nos espera, aunque seguro que bonito, como todo en Islandia.

 


27 de Julio de 2013 – Hvanngil - Básar


Distancia: 34.9 Km.
Desnivel subida: 891 m.
Desnivel bajada: 1.217 m.

 

Desayunamos temprano, sin azúcar (snif, snif), rodeados por madrugadores jinetes.
Nos ponemos en marcha camino de Thorsmork donde nos espera una suculenta cena, acordada con el establecimiento Vulcano.

Foto: César González PalomoEl día comienza cruzando (por tercera vez!) el río Kaldaklofskvisi, que curiosamente a primera hora de la mañana lleva menos agua, menos fría, y además se ve el fondo.

Seguimos por la pista que cruza la llanura de cenizas interminables durante varios kilómetros. Ya cerca del refugio de Emstrur algunos nos desviamos para admirar el cañón Markarfljótsgljúfur, (si eres capaz de pronunciarlo te regalo un caramelo…) Otros hacen un breve alto en el refugio.
Muy cerca del Emstrur encontramos un puente sobre el río Fremri-Emstra con unas cadenas de apoyo para bajar/subir hasta él. Menuda corriente... este sí que no lo pasamos andando.

Continuamos por el valle del Katla, una zona volcánicamente activa como atestiguan las advertencias de los carteles y las instrucciones escritas incluso en español.
El paisaje se convierte en algo monótono aunque no deja de ser muy diferente a lo que estamos acostumbrados. Cenizas negras/grises del grosor de arena de playa, camino bien señalizado y de pronto, tras superar un pequeño puente oculto entre unos árboles, Jesús hace un descubrimiento del que se pavonea sin vergüenza: un rincón especial, horadado por el agua en la piedra cerca de donde se juntan los ríos Ljosá y Markarfljót, que bien merece unas cuantas fotos. 

Buena parte del grupo estará ya en Vulcano, tomando cervezas. Debemos reunirnos con ellos así que continuamos. Breve subida a una loma y bajada al valle del río Thrönga que también tenemos que vadear. Resignados y acostumbrados, nos calzamos y descalzamos las sandalias ya con una soltura escandalosa, fruto de la práctica.
Pasado el río comienza un corto aunque intenso ascenso rodeados por un bosque, el más grande que vemos en Islandia. El camino desemboca en una pista y por fin encontramos un cartel indicativo hacia Vulcano, que seguimos obedientemente deseando cenar por fin.

Últimos metros ya en bajada y en la explanada nos encontramos la zona del camping, un montón de caballos, unas pocas de casas y hasta parada de autobús!, y a nuestros compañeros algo bebidos (aunque no demasiado, a cinco euros la cerveza).

Entramos a cenar a las 19:00, según lo acordado, y nos cobran 4050 coronas por ponernos hasta arriba de comer. Buffet poco variado pero cantidad abundante y muy bien cocinado, especialmente el cordero.
Y con la tripita bien llena, ¡a por los últimos 5 km!

Nos ponemos en marcha y casi sin darnos cuenta encontramos el área de Langidalur. Desde allí y siguiendo por el cauce del río hasta unos puentes móviles (como deducimos por las ruedas de que están provistos), vemos a lo lejos una gran hoguera. Está junto a nuestro alojamiento en Bàsar, y al pasar por allí descubrimos con alivio (¡yuju, no es nuestro refu el que arde!) que se trata de una reunión semanal de los habitantes de la zona, celebrando simplemente que es verano (luego dicen de los españoles…).

El ranger del refugio está en los fuegos y le tenemos que esperar. Cuando aparece sólo le falta el martillo para encarnar al mismísimo Dios Thor (me enamoro perdidamente de él pero no vuelvo a verle más, oh! cruel destino que nos separa!).

Nos asigna camas y casi todos, tras breves encontronazos con la ducha “casi caliente” y un rato de charla, a las 00:00 estamos en la cama.


 

28 de Julio de 2013 // Basar - Skogar
Distancia: 25.3 Km.
Desnivel subida: 1128 m.
Desnivel bajada: 1305m.

Se prevé lluvia a la hora de comer. No hay forma de evitarla, así que desayunamos cuando finaliza el periodo de silencio obligatorio en el refugio, a las 7:00.

Tras una breve descripción de lo que veremos a lo largo del día comienza la jornada ascendiendo más intensamente que en cualquiera de las etapas anteriores. Cañones y glaciares ante nuestros ojos y en cierto momento un tramo de unos diez metros de caída a ambos lados pero con un sendero lo suficientemente ancho cómo para que los compañeros con miedo a las alturas ni se inmuten.

Algún paso asegurado con cadenas accesorias pero no necesarias, salvo quizá con mal tiempo y barro resbaladizo.
Subimos haciendo altos para fotografiar los glaciares a nuestro lado y en poco tiempo llegamos a una gran llanura, 750 m por encima de nuestro punto de partida. De nuevo el característico paisaje lunático, lunístico, luneril.
Encontramos una tienda de campaña y a sus ocupantes cómodamente instalados en medio de la nada y del todo (¡qué zen!).

El camino está perfectamente señalizado y al llegar al final del llano, una intersección indica cuatro posibles direcciones, entre ellas Skogar, la nuestra. Al continuar por el camino encontramos el tramo más delicado de la jornada, con una caída importante hacia nuestra derecha pero con cadenas de apoyo y el sendero bien marcado. Me detengo a observar a nuestros compañeros con vértigo por si necesitasen una ayudita, pero van sobradísimos.

En este punto a nuestra izquierda empezamos a apreciar los efectos de la última erupción del Eyjafjallajokull del 2010.
Una última subida de 150 m nos conduce hasta los nuevos volcanes aún humeantes, el Módi y el Magni. Cómo si de un parque de atracciones se tratase, nos desperdigamos por la zona buscando los rincones más especiales. Nos agachamos para comprobar el suelo aún caliente y el olor a azufre inunda el lugar.

Foto: César González Palomo

Cuando la lluvia empieza a amenazar con ponerse más fuerte nos apresuramos a salvar el último kilómetro y pico que nos separa del refugio, donde planeamos descansar.

Cuál es nuestra sorpresa cuando al llegar allí descubrimos que debemos pagar 400 coronas sólo por sentarnos. A pesar de la llovizna algunos deciden continuar bajando. Gonzalo tiene la rodilla dolorida y es mejor que no se enfríe.

Los que nos hemos quedado atrás abonando el canon pronto alcanzamos a los adelantados y desde entonces vamos juntándonos y separándonos un poco a gusto de los fotógrafos, que se ven obligados a retratar los diez millones de cataratas que, para disfrute de José Luis (a quien le gustan especialmente las cascadas), nos acompañan a lo largo de todo el descenso junto al río Skóga.

Sobre las dos, cuando paramos a comer, la lluvia se pone desagradable, y ponemos el turbo con la mitad del bocata en el gaznate y la otra mitad en la mano.

El mapa indica que debemos vadear un río pero ¡yupi!, no es necesario. Tenemos que trepar un poco por un puente que no parece ni terminado, pero definitivamente ganamos con el cambio.

Después de una hora aproximadamente la lluvia cesa. Le sigue un poco de niebla y nos agrupamos, pero pronto el sol islandés viene a acompañarnos en los últimos kilómetros. Cada cual lleva su ritmo, algunos bastante tranquilo, pero quedamos en la catarata grande para hacernos una última foto de grupo de nuestro último día de senderistas por Islandia.

Cada vez nos encontramos con más domingueros, lo que nos indica que nos acercamos a Skogarfoss. Efectivamente, ahí abajo andan nuestros compañeros. Confundiéndonos con los visitantes bajamos los últimos metros vertiginosos regados en ocasiones por el spray de la catarata.

Abrazos y felicitaciones por haber finalizado nuestras correrías a través de tan increíble país y la foto en la que falta, por supuesto, nuestro particular Correcaminos (bip,bip!): Jose Antonio, que se encuentra en el restaurante degustando un suculento menú. Habrá que pintarle en la foto…

 

Foto: César González Palomo

 

Nos reunimos en la cocina del hostel de la HI en Skogar para cocinar nuestros últimos noodles en tierras islandesas y, lideradas por Merche, exigimos la revancha a las cartas, volviendo a perder debido a las descaradas trampas que hacen los chicos. Pero esto no quedará así… Nos quedan muchos viajes…


29, 30 y 31 de Julio de 2013 // “Anillo Dorado” // Reykjavik

 

29: Turismo con guía de habla hispana por el “Anillo Dorado”, visitando varios hitos turísticos de la zona camino hacia Reykjavik. Llegada al hostel de la HI Loft
30: Visitamos la ciudad y la Blue Lagoon, hacemos compras.
31: Viaje de vuelta.

 

Esther Pérez

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Próximamente, se abrirá el apunte de:

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