Como siempre, el “Espíritu Pegaso” recomendó el vuelo muy económico, por lo que  tuvimos que levantarnos alrededor de las 3.00 a.m. Nos enfrentábamos a uno de los días más largos del año. Al madrugón hubo que sumarle el agravio  del adelanto de la hora insular y el  del horario de verano.

El vuelo sale a las 6.45 h. Hacia las 5.00 h. vamos llegando a la Terminal 1 del aeropuerto con el nombre más rimbombante  jamás conocido: “Madrid Barajas Adolfo Suárez” (Sin comentarios). La idea es que los participantes no facturemos equipaje y embarquemos con la mochila como equipaje de mano. Así que, de forma colectiva facturamos dos bolsas y una super-maleta donde se dispusieron los elementos que no se podían llevar en cabina

Durante toda la semana intercambiamos fotos del Teide completamente nevado. El Parque había anunciado que los “senderos estaban cerrados” y que se confirmaría su apertura por la Dirección. Hubo que solicitar un permiso, del que desconocíamos su autorización.

Semejante logística y sin saber si podremos “hacer cumbre”. ¿Cómo pueden impedirnos coronar El Teide? A nosotros. A Los Pegaso. ¿ Es una broma? Hay que intentarlo.

Que trasiego de material. Qué estrés  para su facturación ¿Conseguirán pasar todos?

Fuimos embarcando sin problemas y en dos horas y media nos pusimos en el Aeropuerto del Norte de Tenerife donde nos esperaban 5 compañeros que habían llegado el día anterior. Llegamos a la Isla y con nosotros la Gran Maleta. Verde esperanza. Era un buen augurio. Yo así lo presentí. Esa maleta iba a traernos suerte si lograba pasar a bodega, pues al peso del material había que sumarle el gran candado con el que quedó sellada.

Allí La Guagua de “Conrado” nos estaba esperando y a todos nos dirigió a la primera travesía. Hacia las 9.30 horas iniciaríamos la que sería nuestra primera andadura. Nos cambiamos ropa y calzado. Terminamos de completar la mochila. Próxima estaba la Casa forestal de Taganaga con su bar.  Más de uno tomaría su  segundo o tercer café.  ¡Qué colección de rosquillas! Y ¡Qué buena pinta que tienen! Gracias que Cristina que siempre hace acopio de dulces allá por donde vamos compró y pudimos probarlas a mitad de la ruta. ¡Qué rica estaba!

Espesa niebla que durante más de 4 horas nos privó de buenas vistas. La humedad y el terreno embarrado junto con fayas y brezos no nos dieron mucha tregua.  Más de un resbalón y los primeros toques de barro. Al llegar al faro la niebla desaparece y podemos ver fuertes laderas de acusadas pendientes y profundos barrancos hasta llegar al mar. Laurisilva y emanaciones de agua  que conforman un recorrido lleno de curvas,  dan nombre al Camino de las Vueltas.  Un continuo sube y baja  remata  la jornada. Con sus más de 15 kms. y superando los 1.000 m. de desnivel, caímos en la playa de Tamadiste, en la que entre cervezas, papas arrugás (las primeras) y ricos helados rematamos esta primera jornada. El bus nos trasladó al apartotel “HG Cristian Sur”, situado en pueblo marinero de Los Cristianos a 500m. de la playa y del centro de ocio.  Sorteo de habitaciones, duchas, primeras incursiones al Súper. Ya un poco tarde algunos buscamos donde cenar. Los establecimientos van cerrando, dando paso a improvisados karaokes que en más de una ocasión impiden conciliar el sueño de los que duermen en el salón. Próximo a nuestro alojamiento caemos rendidos ante una Pizzería. Buenas dosis de hidratos y grasas, que al día siguiente íbamos a necesitar.

 

 

Domingo 29 de marzo ASCENSIÓN AL TEIDE

Dos compañeros deciden no realizar la ruta “estrella”.

Al resto, nos espera “la Guagua” a las 7.30 horas para llevarnos 15 al aparcamiento de La Montaña Blanca (2.748 m.) y a otros tantos al Portillo (Centro de visitantes del Parque Nacional de las Cañadas del Teide) con la intención de iniciar la ascensión. Digo intención pues todavía no nos habían confirmado la posibilidad de llegar a la cima. Sí nos aseguraron la apertura de los senderos, aunque próximos al teleférico existía la posibilidad de que no nos permitieran continuar. 

Desde el Bus vemos  que la nieve había desaparecido bastante. Nada que ver  con las fotos que días anteriores nos habían llegado del Teide. Empezamos a plantear la posibilidad de dejar el piolet en la bodega del bus. Algunos lo hacemos, aunque los crampones los llevamos todos. Con los  bastones podemos ascender sin problemas. Hubo quien prefirió no correr ningún riesgo.

Todavía en el bus A. Moreno me comenta que se ha dejado las botas. Sin Botas no hay posibilidad de  crampones. Y sin crampones…..¿A que no subimos? No cabía otra posibilidad que aventurarse y subir hasta donde se pudiese.  ¡Virgencita de la Candelaria!. En casi 4 horas nos pusimos en la cima sin problemas. Había nieve pero en muy buen estado. Satisfacer a los turistas y al negocio del teleférico se habían retirado la nieve para poder subir sin dificultad. Otra vez más  paseando crampones y algunos el piolet. La satisfacción era total. Todos hicimos cumbre. Allí llegaba el teleférico con los “guiris” en chanclas, niños en playeras. Las más variopintas muestras estivales. Gen Santa…! De Madrid…al cielo pero eso sí:  Bien equipados, aunque con el inevitable dolor de cabeza que da la altura. A mi no se me quitó hasta el día siguiente.

Algunos miembros de los que subimos por montaña Blanca se quedaron en el Refugio Altavista a 3.250 mts. de altitud para ver  atardecer y  amanecer al día siguiente. En el Refugio, hacia las 15.00 h. coincidirían con los 10 que subieron desde el Portillo. Ajenos a la prisa descansaron, prepararon su mochila y cuando dejaron entrar en las habitaciones a las 17.00 h. tomaron posesión de las mismas. Hacia las 18.00h. un grupo de los que pernoctarían en el Refugio se dispuso a subir para ver la puesta del sol. Otro lo hizo al día siguiente. Objetivo: Ver amanecer. Hay quien no se perdió ni lo uno ni lo otro.

 

 

 

 

 

Bajada por la ruta “SE MASCA LA TRAGEDIA”

La mayoría de los que subimos y bajamos en el día, hicimos el descenso por el Pico Viejo, del que pudimos ver su impresionante cráter. Larga y en mi opinión dificultosa bajada. Montañas de lava que no terminan donde continuamente se nos encajan  los bastones.  Siempre pendiente de donde poner el pie. No me gustan las pedreras. Ni blancas, ni negras. Se añade el cansancio de la ascensión al Teide. Y yo, que no me había quejado hasta entonces recordaba constantemente las palabras del guarda del teleférico: “A qué van a bajar por allí…si sólo hay piedras” Razón no le faltó. Y para  colmo perdemos el “track” con lo que cuando parecía que habíamos abandonado las coladas y sueltos derrubios... Vuelta a empezar. La ruta se estaba alargando. El Bus nos esperaba a las 18.00 h. y no llegábamos.  No salimos hasta bien pasadas las 19.00 h. Jesús ya lo adelantó: “Se masca la tragedia”  y no se equivocó. El cartel que encontramos al final del sendero nº 23 “Los Regatones Negros” así llamado lo describía como  Un camino entre lajiales y malpaíses. Clasificación: dificultad extrema o cuasi extrema.

La coordinadora tan harta como el que más, y ante las vacilaciones de los participantes encontrando el camino, decide no seguirnos y tirar de frente entre piedras y matojos. Sin perder de vista el Parador, nuestro destino y la carretera, Carmen opta por tirar de frente, por lo que aparece en la carretera a 5 kms. Nos llama para que la recojamos. ¡Qué caos! y ¡Qué piernas de arañazos!.

Presumía que esta bajada iba a causar alguna que otra baja para el día siguiente y cierto que no me equivoqué.  Reconfortante “Sandy” con patatas fritas en el Parador de “Las Cañadas” que me supo mucho mejor cuando solo pagué 2 euros. Aquí también llegaron los recortes.

Entre las múltiples variantes que ofreció la subida al Teide tres personas bajaron en el teleférico y se dirigieron al Parador por un sendero que une estos dos puntos.

Ya casi anocheciendo y después de una hora larga de Bus, pues curiosamente en Tenerife y también en La Gomera todos los desplazamientos tardan lo mismo, llegamos a nuestro “complejo vacacional” súper estresados, pues el día así lo había dispuesto, aunque hartamente satisfechos. TODOS HABIAMOS CORONADO LA CUMBRE MÁS ALTA DE ESPAÑA. Sin crampones ni piolet y hasta alguno en zapatillas. De nuevo a prepararse para buscar donde cenar. No encontramos el Buffet que nos habían recomendado  el día anterior. Y el caso es que lo habíamos visto, pero  “los árboles no nos dejaron ver el bosque”. Vueltas y más vueltas. Van  cerrando los establecimientos. Qué hambre: ¡A que nos quedamos sin cenar! No podemos demorarnos más. Así que al Indian Place Paradise Hasta Antonio que odia la comida especiada aceptó la decisión.

La carta. ¿Qué pedimos? Valor y a improvisar. Yo tirándome un farol y simulando conocer  las delicatesen de  la cocina que se nos ofrecía pensé  que el plato  que más repetido sería el mejor.  Así que arroz y parrillada tandori  para todos.

De los que pernoctaron  en Altavista más o menos la mitad bajaron al día siguiente (Lunes 30) por el maltrecho sendero 23.  El resto optó por lo más cómodo: El teleférico. Les sobró buena parte del día ya que sobre las 11.00 h.  estaban en el Parador y hasta las 17.00 no nos recogería el Bus, por lo que decidieron llamar  un taxi que les llevó en un periquete a “Los Cristianos” donde disfrutaron de una suculenta comida (a juzgar por las fotos que nos envió J.A por whats App) y una tarde de playa.

Lunes 30 de marzo. Ruta de las Siete Cañadas

Todavía no hemos decidido cuales serán los premios a repartir en el “Trofeo 50 Aniversario”. Desde aquí propongo uno de los primeros para Carmen, la coordinadora,  aunque no alcance la puntuación reglamentaria. En cada jornada surgen varios grupos. Hay que disponer los horarios del Bus para complacer a todos o casi a todos. A veces es imposible. Que nadie espere demasiado tiempo. Que todos los grupos lleven, aunque a veces no es posible, una emisora. Que nos conformemos con la distribución de las habitaciones. Que conozca la afinidad de las parejas. Aunque parezca mentira algunas sólo lo son los días pares. Al menos a mi esa es la sensación que me da. En fin es admirable que no haya “perdido los papeles” pues no le han faltado ocasiones en su intento de complacer a todos.

Hoy no madrugamos en exceso. La ruta es bastante relajada y así lo agradecimos todos, aunque  tres “ansiosos”  (y el término lo digo con cariño) decidieran “hacerse un pico” para prolongarla.

Iniciamos 12 personas  la Ruta de las 7 Cañadas desde el Centro de visitantes del Portillo. Recuerdo que algunos se quedaron en “Los Cristianos” con la intención de hacer “turismeo” y playa, otros pasaron la noche en el Refugio de Altavista, donde disfrutaron de un atardecer y/o amanecer irrepetible en el techo de España.

De charleta y comadreo, pero no sin dejar de admirar  la Montaña de Arenas Negras, La  Cañada de Diego Hernández, de La Grieta… Siempre con el Teide a la derecha.  En cuatro horas llegamos al Parador, donde pudimos recrearnos hasta las 16 h. que salía el Bus. Allí encontramos a los 5 compañeros que descendieron en teleférico. Prefirieron esta opción al sendero 23,  aunque también podían haber bajado directamente a Montaña Blanca. Como se ve opciones no faltaron en esta salida. Eso sí siempre pendientes de no dejar  a nadie “en tierra”.

La narradora de esta memoria, decidió darse un homenaje en el Parador, donde compartió mesa con dos compañeros que también eligieron conocer las bondades de la cocina canaria. Menos mal que teníamos todo el tiempo del mundo, pues dos horas nos costó comer y no es que nos pusiéramos las botas. Entre plato y plato la espera se hacía interminable. Ni tiempo para tomar café y los postres… a la carrera. Aún así tuvimos que disculparnos ante el resto del grupo, pues nos retrasamos 15 minutos.

De nuevo “la hora” de bus. Más relajados llegamos a nuestro alojamiento. Tiempo para las múltiples tareas que se avecinan. Hay que buscar un “ciber” para imprimir la tarjeta de embarque. Mañana vamos a La Gomera y allí será más  complicado. La piscina está abierta e invita a un baño. Las existencias de comestibles empiezan a escasear y hay que reponer la despensa, aunque la terraza del “complejo”  invita a más de uno a larga hora de charla donde el tema “estrella” es acordar la hora en que iremos a buscar el “Buffet ansiado”.  Con más tiempo satisfacemos la  curiosidad de  la recepcionista de los Apartahoteles quien  manifestó gran admiración por los montañeros. De Madrid. Con esos equipajes. Deben ser distinguidos “alpinistas” y del Pegaso. Así que aprovechaba la entrega/recogida de llaves para preguntarnos si llevábamos sombrero. Le preocupaba bastante.  Si uno era de Valladolid, pues el apellido coincidía con un pueblo de la provincia. Su máxima satisfacción se produjo cuando pudo decirnos que ella también paseaba con su novio.

Hacia las 21.00 h. más de 10 nos dirigimos al asalto del “coma lo que quiera” ¿Quién hizo más viajes? No está bien decirlo. Aunque todos nos levantamos varias veces.

Martes 31 de marzo

El día anterior “mi grupito” nos aproximamos hacia el puerto con la intención de ver “in situ” de donde salían los “Fred Olsen”. Siguiendo las indicaciones que me dieron en el  “chinguirito” del puerto y siempre por la línea azul llegamos hasta la misma puerta. Así que no tuvimos problema en repetir la excursión a la mañana siguiente. Había que estar una hora antes. A  las 7.30 quedamos en la puerta de los apartamentos para dirigirnos al puerto.

PARTIMOS HACIA LA GOMERA

Una hora nos costó llegar, aunque podíamos haber estado más tiempo ya que atracciones no le faltaban al ferry. Hasta parque infantil. Una vueltecita por la tienda, el bar  y ya en La Gomera donde nos esperaba Román que lógicamente en una hora nos llevaría  a la Playa de Villahermosa donde tan sólo uno decidió quedarse. 

Fuerte subida para el resto del grupo. Casi 600 m. sin descanso  no exentos de  vistas impresionantes.  Abruptos acantilados de piedra negra donde golpean en un continuo las olas. Discrepancias sobre la altitud. 500? 600 mts? En la “info” ponía otra cosa. Aparecieron GP's  de todo tipo, de pulsera, de teléfono y los más sofisticados del mercado. Ninguno coincidía. 

Llegamos al alto de Buenavista y siguiendo la cumbre de Chijeré nos situamos en la ermita de Santa Clara. Máxima altura donde, sin dejar de ver la costa, nos introducimos en el sabinar más extenso y mejor conservado de las “Islas Afortunadas”. Compartimos bocadillo con más de una docena de gatos.

Iniciamos el tranquilo y cómodo descenso por el Barranco de la Era Vieja que en unas tres horas nos llevará a Vallehermoso. Estaba previsto continuar 3 kms. Hasta la playa. Algunos lo hicieron pero, la mayoría optamos por disfrutar en las terrazas de la plaza de una o dos cervezas, helados y los más “caprichosos” un plato de queso de cabra asado con miel o unas “papas  mojipiconadas”. Yo en busca de un pantalón más ligero quedé sorprendida por el comercio existente. El estilismo y buen gusto en el vestir no se encuentran en Vallehermoso.

El Bus, bien mandaó nos trajo alrededor de las 18.00 h.  a los compañeros de la playa. Todos juntos nos dirigimos hacia Playa Santiago donde estaba nuestro nuevo alojamiento: los apartamentos “Tapahuga”,  perdiendo a la mitad de nuestros compañeros de apartamento. De 6 que éramos en San Cristóbal, pasamos a ser 3.

Atravesamos el Parque de Garajonay  pudiendo contemplar los destrozos del incendio que en el 2012 tuvo lugar. 

Carrera al Súper y provisión de víveres para el desayuno del día siguiente. Son las 20.15 h. y cierran a las 20.30 h.

Un poco decepcionados. La información mostraba una espléndida terraza con vistas al mar. Y el “espíritu Pegaso” que tanto le gusta recordar a J.A., haciendo gala de su política “low cost”  nos proporcionó vistas al recibidor y en el mejor de los casos a un terraplén.

No tengo ninguna queja  tanto de estos apartamentos como los de San Cristóbal en Tenerife.

Llegando a Playa Santiago preguntamos al Román por  un sitio para cenar. Estábamos deseosos de comer pescado. Y sin vacilar nos recomendó “La Cuevita”. ¡Qué acierto!, Esta noche lo clavamos. Nos costó decidirnos: ¿Cherne o sargo? Al final  Un sargo recién pescado para los 7 con sus mojos, su ensalada, sus quesos…Y sobre todo muy buena compañía. Entre risas, vino gomero, leche asada y quesillo brindamos por “El Pegaso”, “El Cincuentenario”, los recuerdos, los proyectos y…qué se yo.! Asun saca el móvil y como son las 23.00 h. nos apuntamos al “Peña Trevinca”. Al ser una hora menos en estas islas nos posicionamos los primeros en el apunte. ¡Qué ansiosos!. Paseo marítimo y a recogerse que mañana hacemos cumbre en La Gomera.

Un whats App nos advierte que no hagamos ruido por la mañana.  Al parecer alguien se ha quejado. Lo intentaremos. ¿Podrán pasar desapercibidas 31 personas?.

Miércoles 1 de abril

Ruta circulas: El Contadero- El Chorro – Los Pajaritos- Alto de Garajonay. El Contadero.

A las 7.30 nos recogerá “La Gua- gua” que pasando un constante “mar de nubes” nos llevará al Contadero. Cómoda subida nos sitúa en el alto del Garajonay (1.487 m.) donde a modo de jota improviso:

                               Si vas al Garajonay

                               La cumbre de La Gomera

                               Te llevarás dos punticos

                               Aunque a más de uno le duela 

El Parque Nacional de Garajonay con sus espléndidas laurisilvas, llamativo colorido de sus casi 2000 especies de  flores fue Declarado Patrimonio de la Humanidad en 1986.

No puedo dejar de mencionar el recuerdo más desagradable del día: El restaurante “La Vista”. En El Cedro.  Creo que pocas veces me he sentido tan humillada e impotente. Y en esto coincidí con varios compañeros. A veces creo que llevar mochila te estigmatiza. Me recordó  el Refugio Europahütte en Suiza cuando hicimos el Tour del Cervino. Aquí me sentí discriminada por ser española. En el restaurante gomero, por llevar mochila  también. ¿El turista extranjero es mejor tratado porque gasta más o porque es más vulnerable al engaño? El caso es que nuestra presencia molestó en este lugar y hostilmente intentaron que abandonásemos el establecimiento.

 

 

Jueves 2 de abril

Cuántas bajas! Sólo salimos 16 personas. En esta jornada hay multitud de alternativas no contempladas en la actividad.

Un grupo decide alquilar un coche y “trastear” por la isla. 200 kms. les marcó el cuentakilómetros. Interesante también conocer algunos pueblos.  

Alguno se encuentra indispuesto y decide recuperarse.

La playa llama a más de uno. Hace calor y apetece broncearse en Playa Santiago.

Me dicen que los más atrevidos cogieron unos pedales y los más machacas fueron a San Sebastián  desde donde atravesaron casi todos los barrancos de La Gomera.

Los más conservadores, fieles al programa, aunque con alguna que otra modificación, ascenderemos a La Fortaleza, uno de los miradores más fantásticos de la Isla. Iniciamos el sendero 24 de “pajaritos a rumbazo” 9,4 tranquilos km. de senda botánica. Seis compañeros deciden continuar hasta la playa prolongando de esta forma 4,5 km. La marcha, pero al llegar al asfalto  dos abandonan la idea y el resto lo hace cuando nos ve pasar en el Bus.

Llegamos hacia las 15.00 h. a los apartamentos y sin pensarlo dos veces, cogemos las viandas, alguna cervecita de la nevera, las patatas fritas y el delicioso y bien especiado queso gomerano con el que nos deleitó Jesús  y subimos a la piscina.  Los más atrevidos se bañan. El resto se dispone bajo las sombrillas improvisando un ordenado “botellón” con muy buenas vistas.

Paseo marítimo arriba y abajo nos vamos encontrando. Comentamos lo más destacado de la jornada. Lástima que aún no había llegado la noche y podamos contar la experiencia en el lujoso Hotel Jardín Tecina. Nunca mejor dicho que “La curiosidad mató al gato”. En un intento por descubrir la panorámica desde la quinta planta en lo más alto de la colina nos colamos en el ascensor, M., A. y yo. Sorprendidas por la belleza que ofrecía la noche y el canto de las pardelas cenicientas no reparamos en que el acceso al complejo exigía  clave secreta. Nos sentimos “secuestradas”. Suerte que en no mucho tiempo unos ricachones allí alojados se introdujeron en el ascensor y con ellos en un “pis-pas” nosotras. Qué alivio!

Viernes 3 de abril

Esta espléndida semana empieza a a tocar fin.

Considerable madrugón. Mochilas, troleis, bolsas y bostezos. Es de noche.  A las 6.00 h. nos espera Román que como procede, en una hora nos llevará a San Sebastián donde embarcaremos. De nuevo, 50 ‘ de tranquilo trayecto nos colocan en “Los Cristianos”. Bus o mejor “Gua. Gua” como allí se le conoce nos llevará a Masca. ¡Qué carretera! Valles y barrancos por doquier. Y yo que iba en primera fila. Al borde del precipicio. Casi rozando el quitamiedos al girar. A 10 km./h la mayor parte del tiempo. Un descuido, un fallo técnico y caemos al vacío. No sé si el resto de viajeros tuvo la misma sensación, pero yo creo que había perdido el bronceado conseguido durante estos días. Y el inoportuno de turno repitiendo “Se masca en Masca la tragedia”.  Hacia las 10.00 h. Iniciamos nuestra andadura  por el barranco del mismo nombre.  El programa ofrecía dos opciones. Todos elegimos la más corta. El deseo por descansar plácidamente en la playa, tomar algún baño o simplemente recuperar  fuerzas pudo con los más firmes propósitos de los participantes. Entre multitud de variopintos excursionistas. ¡Qué agobio! ¡Cuánta gente! Y ¿Así todo el camino?. En poco tiempo fuimos haciéndonos hueco y aligerando el paso conseguimos adelantar la multitud. Todavía me pregunto cómo no se advierte de la dificultad y características de este barranco. Cómo no se recomienda el uso de calzado adecuado y se advierte de pasos difíciles. Porqué está tan mal señalizado. No quiero pensar que el viaje a “Los Gigantes” en barco vende y se priorizan los ingresos de esta atracción sobre la seguridad de los senderistas.

En 3-4 horas llegamos a la playa de Masca donde pudimos reponer fuerzas. Tomar algún que otro bocado. Disfrutar, algunos del baño y embarcar rumbo a “Los Gigantes”. Nuestro viaje estaba previsto para las 16.00 h., pero pudimos salir a las 14.00 h. 20’ nos costó la travesía. Me hubiese gustado durase más, pues me sentía  como Kate Winslet  en la popa del Titanic. Claro que tampoco faltó  un Leonardo.

Ya en tierra dispersión total. Unos corren a la playa. Otros a la terraza. Hay quien prefiere hacer “shopping”. No obstante,  la consigna está  clara: A las 17.00 h. todos al Bus.

Nos dirigimos a la bonita ciudad de San Cristóbal de  La Laguna. Es difícil el acceso al centro donde se encuentra nuestro peculiar alojamiento. Es Viernes Santo y la Procesión “Magna” sale a nuestro encuentro. ¡Qué situación! 31  montañeros  informalmente vestidos,  con sus equipajes, troleis y/o mochilas, en su mayoría de playa, intentan hacerse un hueco entre  los Pasos. Entre el Santísimo y La Piedad lo conseguimos. Yo me  sentía profanadora del Acto. Irrespetuosa con la situación. ¿Qué podíamos hacer?. Haber permanecido allí  no hubiese ayudado. Llamábamos tanto la atención que lo más inteligente fue poner “pies en polvorosa” y desaparecer cuanto antes.

Al fin vamos encontrando los B&B que se habían contratado para esta última noche de actividad. Y aunque alguien dude de ello, doy mi palabra que fue aleatoria la asignación de mi alojamiento: “La Posada”. Según nos explicó el encargado se trataba de una finca de casi 350 años rehabilitada con fondos del Cabildo y esmeradamente decorada con todo tipo de detalles.  Cabe destacar la hospitalidad de su dueño. La consideración y amabilidad que nos proporcionó. Y ese café con leche que pudimos compartir en para mí lo mejor de la casa:  La cocina.

Ya recuperados fuimos en busca de un establecimiento,  para cenar en el que habían estado algunos compañeros que iniciaron sus vacaciones un día antes. Eso sí. Teníamos que terminar antes de las 10.30 h., pues según nos indicaron a esta hora se iniciaba la última procesión y todo quedaba en estado de éxtasis.

Pudimos deleitarnos con algunos platos, más originales que exquisitos. Buen vino. Y mejores postres. Esta vez renunciamos al café “leche-leche” (café con leche y leche condensada). Otra sorpresa  de las Islas.

Sobremesa. Cansancio y a disfrutar del esmerado alojamiento. Lástima que el resto de compañeros, aunque mostraron igualmente su satisfacción, no pudieron decir lo mismo de sus aposentos.

Y como cantaría el Dúo Dinámico llega el final, no del verano, sí de la Semana en Tenerife y La Gomera. El sábado a las 7.30 de nuevo nos espera el Bus en la “Plaza del adelantado”.

Algunos compañeros siguen durmiendo. Sus vuelos saldrán más tarde. Esta vez en 20 ‘ nos situamos en el aeropuerto del Norte.

Feliz vuelo. Y un sinfín de recuerdos, un móvil lleno de fotos, unos días inolvidables. Un Grupo entrañable y la mirada perdida sobre las nubes me llevan una vez más a inmortalizar con estas letras esta grata experiencia.

…Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;

y se quedará mi huerto, con su verde árbol,

y con su pozo blanco. 

Todas la tardes, el cielo será azul y plácido;

y tocarán, como esta tarde están tocando,

las campanas del campanario. 

Se morirán aquellos que me amaron;

y el pueblo se hará nuevo cada año;

y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado.

Mi espíritu errará, nostálgico… 

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol

verde, sin pozo blanco,

sin cielo azul y plácido…

Y se quedarán los pájaros cantando. 

Poemas agrestes (1910-1911)

El viaje definitivo

Juan Ramón Jiménez 

 

Y mientras tanto, disfrutaré junto a vosotros de este regalo.

Naty García

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El viaje definitivo

Juan Ramón Jiménez

 

 

 

 

…Y                                    Y mientras tanto, disfrutaré con vosotros de este regalo.

 

Naty García

 

 

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