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Viernes 21 de marzo de 2014. Vamos llegando a los dos alojamientos que teníamos reservados, treinta participantes íbamos al Albergue “Os Ancares”, y veinte  mas al mesón Campa de Braña, dado lo recóndito del lugar, y la falta de letreros, marcas en la carretera, etc, y a la mala jugada que nos hizo a alguno el GPS nos costó encontrar el sitio, y tuvimos que recurrir a preguntar a la gente del lugar que nos fue indicando muy amablemente.

Sábado 22 de marzo. Tras reunirnos todos los participantes, en el albergue que era el lugar de principio de la ruta planeada,  iniciamos la marcha, mirando al cielo y con la compañía de un tiempo que parece amenazante, y sorprendidos por la cantidad de nieve, nos encaminamos al primer pico del día, Tres Bispos, la subida es tendida, y aunque hay mucha nieve en el camino, está en unas condiciones perfectas, y no hace falta el uso de raquetas, vamos a avanzando a muy buen ritmo.

Cuando llegamos a la base del Tres Bispos vemos la necesidad de utilizar los crampones y el piolet, dado que hay que subir por una ladera totalmente helada. Al iniciar la subida se desata una fuerte ventisca, que hace muy difícil la ascensión, e impide la visibilidad.

Dado las durísimas condiciones, y que para continuar la ruta después de coronar el Tres Bispos, había que seguir por un cordal, donde el nivel de exposición a la ventisca se intuía máximo, la mayoría de los participantes entiende que es mejor suspender la marcha y regresar al albergue. Un grupo de doce participantes deciden seguir adelante y ver como están las condiciones en la cuerda, para decidir qué decisión tomar.

 

Tras dejar atrás la cima del Tres Bispos, el tiempo nos da una tregua y la ventisca se calma, por lo que vemos que se puede continuar con la ruta, y decidimos continuar por el cordal.

 

El recorrido es espectacular, y en condiciones mixtas, avanzamos con los crampones y el piolet, entre hielo, nieve y roca. Sin excesiva dificultad, pero que exige mirar bien donde se pisa.


Entre subidas y bajadas típicas de todo recorrido cordal, vamos pasando por los picos de Corno Maldito, Alto de Valongo, Alto Das Becerreiras, Pena da Verda, y terminamos el cordal,  y tenemos que empezar el descenso. Es donde se produce el paso más complicado del día, ya que la nieve acumulada a provocado una cornisa por la que tenemos que bajar, de una inclinación que puede rondar los 60 grados, con precaución y bajando de uno en uno, efectuamos la bajada sin incidentes.


Continuamos el descenso, que se vuelve ligero y muy agradable, acompañados por ligeras nevadas y rayos de sol, que se alternan continuamente, y llegamos al refugio del “Las Charcas”, donde gracias a la pericia de Jose Antonio y Javier, logramos disponer de un fuego para comer caliente. Un lujo que alegro a todo el grupo.


Después de comer afrontamos un cómodo ascenso que nos conduce a la Golada da trapa, y llegamos a la famoso Dehesa da Caravella, donde podemos asombramos ante uno de los mayores acebales de España, que al estar todo nevado nos regala un paisaje impresionante.

Ya solo nos queda volver al refugio, para reunirnos con nuestros compañeros, y disfrutar del intercambio de experiencias vividas durante el día.

Domingo 23 de marzo. Amanece todo cubierto de nieve, y tras una reunión, y aconsejados por el encargado del albergue, se suspende la ruta planeada, ya que va a ser imposible ir al Puerto de Ancares que se presume totalmente nevado e intransitable.

Se estudian posibles alternativas, y la mayor parte del grupo decide ir a Las Médulas,  antiguas minas de oro de la época de los romanos, situadas en la comarca del Bierzo, León. Declaradas patrimonio de la humanidad por la Unesco y Monumento natural, y que forman un paisaje curioso, en el que se va la transformación de la naturaleza por la mano del hombre.

Hay un centro de interpretación en el que se puede conseguir un mapa, y te dan indicaciones precisas de las diferentes rutas que se pueden realizar, así como una explicación detallada de todo el proceso de la extracción de oro, y la técnica utilizada para inundar las galerías y provocar derrumbamientos, que son los que transformaron el entorno de forma tan espectacular.

El recorrido es altamente recomendable, y las vistas de los montes Aquilanos que divisamos con su cordal nevado nos invitan a volver a estas tierras.

Agradecer a todos los participantes por la ayuda, la colaboración y la comprensión mostrada en todo momento, que te dejan con ganas de repetir una experiencia totalmente gratificante.