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Una Semana por Chamonix. La CCC

Por segundo año consecutivo volvemos a la meca del trail running esta vez para correr la CCC, o como dicen por allí la niña bonita del UTMB.

La CCC (Courmayeur-Champex-Chamonix) del Ultra Trail du Montblanc es una de las pruebas que se disputan en Chamonix la última semana del mes de agosto. Un total de 103km y 6.100 m+ de desnivel, con salida desde Courmayeur y llegada a Chamonix, pasando por la bella Suiza y por el Lac Champex. La carrera transcurre por los caminos y senderos italianos, suizos y franceses con los grandes picos del macizo del Mont Blanc de fondo, velando y observando nuestra locura. 

 

Pero nuestra aventura comienza una semana antes, cuando desde Madrid ponemos rumbo a Chamonix, unas 16 horas de coche que se pasan rápido por las ganas locas de volver a ver esos paisajes espectaculares.

Primer día y primer entrenamiento donde recuerdas el por qué Chamonix es diferente a todo lo visto, los miedos de otras carreras desaparecen y la seguridad de que todo saldrá bien me inunda.

Pasan los días y la sensación es inmejorable, la tranquilidad, el aire puro y los ánimos de los amigos te dan fuerza y te ilusionan.

Jueves, último rodaje tranquilo a primera hora ¡¡¡y a por el dorsal!!! “Que nervios, esto ya está” le digo a Diego. Él se ríe de mis “ya está”, toda la semana igual. Tras pasar algún momento de agobio por el tema del material obligatorio, paso el control, ahora sí, ya solo queda comer y descansar.


Viernes, 6 de la mañana, suena el despertador y nos ponemos en pie. Un buen desayuno y tras pulir algunos detalles de última hora nos ponemos rumbo a Courmayeur.

No me lo creo, ¡Primera carrera a la que llego pronto! Increíble, ¡¡¡Me da tiempo hasta a pasar por el baño!!! De Camino a la salida nos encontramos con algunos integrantes del Club Pegaso, Jorge (acabo la carrera en 23 h 18 m. quedando el 739) y Emilio (abandono), que tendrían que luchar no sólo contra la distancia y el calor del día sino con sus problemas físicos de semanas atrás.

Este año me coloco delante, no podía encontrarme el mogollón del año anterior. Ahora sí que sí, ¡¡Esto ya está!! Todo un año entrenando para esto, unas fotos por aquí, otras por allí y antes de la cuenta atrás llega el momento de los himnos, momento épico, mucha mucha emoción.

Y ahora sí… 3,2,1 ¡¡¡GO!!! Dios, la gente sale rapidísima ¡¡¡Cómo si ganaran la carrera al doblar la esquina!!! Ya desde el principio la carrera te deja claro que aquí has venido para subir y subir, tras recorrer todo el pueblo por fin entramos en el camino, un camino amplio al principio pero que se iba estrechando cada vez más  hasta quedarse todo el grupo en fila de uno. “Suerte salir adelante” -pienso “me he quitado mucho esfuerzo de adelantar, si alguien quiere pasarme que haga el esfuerzo.”

Primeros 10 km y primer vertical con lo que a mí me gustan, pues nada toca dosificar. Esto es muy largo, donde hay que recortar es en el llano y en la bajada. Coronamos Tete de la troche, con muy buenas sensaciones adelantando a gente durante la subida y muy sueltos. “Esto hay que aprovecharlo” me digo, y nos ponemos a correr en la gran bajada hasta Arnuva, pasando por los refugios de Bertone y Bonatti donde reponer agua se hace imprescindible si quieres acabar la carrera. Control tras control, kilómetro tras kilómetro va pasando la carrera y las sensaciones son inmejorables. Correr por esos caminos con esas vistas y con el gran apoyo del público que está en todos los tramos del recorrido gritando “ALE-ALE” hace que correr no cueste.

Llego a Arnuva, sitio en el cual tenía el primer avituallamiento de mi equipo de apoyo y no les veo. “Umm qué raro” pero no me detengo, llevo una buena dinámica y con lo que llevo encima voy servido. Afrontamos la segunda subida dura, otro minivertical para calentar las piernas con tan solo 34 km, lo paso sin apuros y disfrutando de la subida, un momento para ver el paisaje y reponer agua en el Grand col Ferret.  “Ahora a disfrutar como un niño de la pedazo bajada” me digo.  24 km de bajada por un sendero espectacular con unas vistas que no tiene adjetivos, dejándome llevar corriendo fácil y siempre con cabeza, la carrera está en su ecuador y tampoco hay que derrochar energía.

Llego a la Fouly, segundo punto donde el apoyo tenía que estar ¡¡¡y tampoco no les veo!!! Pienso “Joder tampoco voy tan rápido.” Ahora sí que me asusto, mis reservas estaban en números rojos y hasta el siguiente punto, Champex Lac, quedan 13 km “ Ufff! A dosificar comida” me digo. Salgo del avituallamiento y sorpresa, ahí están, “Menos mal” pienso, no creo que hubiera aguantado con media barrita.

Según veo a Diego les pregunto qué ha pasado, “nada nada” “tu tira” “Luego te cuento” me dice. Pues nada, repongo isotónico y alguna barrita y a correr, próxima parada Champex Lac, 13km pensando en el pedazo bocadillo de pavo que me iba a comer allí, ¡¡¡un lujo a estas alturas!!! Clavamos el parcial en 1 h 30 m. espectacular toda marcha sobre ruedas.

Llego a Champex, el avituallamiento más largo, me como el bocadillo lo primero, repongo isotónico, sólido y, lo más importante, me cambio de calcetines y zapatillas. Este año no me iba a pasar lo mismo. Salgo de ahí con buenas sensaciones que me permiten correr por la pista del principio para luego volver a andar en el sendero de subida. Seguimos guardando fuerzas para el final de carrera y seguimos adelantando a gente. 

El sol comienza a bajar y el calor pasa a convertirse en humedad, sudar y sudar durante toda la carrera lo que me hace beber unos 15 l entre agua, isotónicos y sales. ¡¡¡Una barbaridad!!!

Entre tanto, pasamos Trient sin problemas, muy enteros y sueltos. Llegamos a Vallorcine tras una subida que se hizo un poco larga contacto con el gran Santi Obaya que acarrea unos problemas estomacales desde Champex. Pasar unos kilómetros con él ha sido una de las grandes experiencias de esta CCC, pero sus problemas no le permiten seguir mi ritmo de bajada y le dejo atrás.

 La noche ya está encima y toca ponerse el frontal. “Otra vez la noche” pienso, los fantasmas aparecen pero solo duran unos segundos. Las sensaciones son inmejorables al llegar a Vallorcine, último avituallamiento con apoyo y donde me como el tan ansiado bocadillo de nocilla, dos minutos hablo con diego mientras salgo del avituallamiento. “Esto ya está, venga que vas segundo” me dice. Ahora sí que sí, última subida y la gran bajada para la que nos hemos guardado ese plus. Le dejo  las barritas y cojo los 4 geles con los que afrontaré los últimos 20 km.

Salgo corriendo del avituallamiento, quien me lo iba a decir a mí, kilómetro 83 y corriendo, ¡¡¡brutal!! 

La noche ya está encima y disfruto corriendo con el frontal, hoy es el día, bueno la noche XD Subida que se hace larga a la vez que emocionante, dándolo todo para que un francés con el que llevo toda la carrera picado por sus adelantamientos en las subidas y los míos en la bajadas, no me coja. Veo su frontal acercándose cada vez más. “Tiene que ser él” “Ay que me pilla” “Tengo que llegar arriba antes que él para en la bajada machacarle” “¡¡Está ahí!!”, que tensión… lo consigo, llego antes que él a Tete aux vent, “Este ya no me pilla ni de blas” me digo y me pongo a correr. “Con todo” me digo, es el momento de dar todo lo que nos habíamos guardado. Llego a la Flegere, habiendo adelantado a otros dos corredores en el primer llaneo, repongo 0´5l de agua y para abajo sin pensarlo. Una bajada que me sabía de memoria, cada raíz, giro, fuente… por donde había entrenado días antes y en donde sabía que se podía correr y mucho. Así fue, corrí con todo lo que tenía e imaginándome la llegada a Chamonix, a ese arco tan codiciado. Entro en Chamonix, serpenteo por sus calles, corredores que ya han terminado y gente animando a ambos lados de la valla hacen que esos últimos metros sean brutales, te llevan en volandas.

Llego a meta muy contento, feliz y muy agradecido a todo el equipo de apoyo: Diego, Paco y mi padre que no se pierde una y que está siempre ahí.

En resumen 14 h 59 m. de disfrute acabando el 42º de la general y 2º de mi categoría (promesa).

Muchos son los agradecimientos y las personas que han hecho posible que pudiera llegar hasta aquí, mis padres por estar en todos los avituallamientos de las carreras, a Diego por esta colaboración brutal, a todos los amigos que me apoyáis y me soportáis día tras día y que habéis seguido la carrera desde Madrid de principio a fin dándome muchos ánimos. A Nacho por ponerme a punto para esta carrera  y las que nos quedan y al gran equipo de Althea fisioterapia por cuidarme, gracias Juan. Por último, dar las gracias al Club de montaña Pegaso por sus ánimos y por la poca ayuda que siempre es bien recibida.