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IX Edición Cordales Pegaso 2017

El Rocigalgo. Parque Nacional Cabañeros

25 de noviembre de 2017

… A la sombra de mi sombra,

le estoy haciendo un sombrero,

sombrero de largas pajas, que he recogido del suelo

lo haré con el ala ancha, que casi llegue hasta el cielo,

para muchas veces no ver, las cosas que ver no quiero … 

La verdad que el traslado al P.N. de Cabañeros por la parte de Navalucillos ha ido a la perfección. La recogida del personal en las diferentes paradas, la hemos realizado en tiempo record. Y lo único que nos ha entretenido, ha sido el paso con el autobús, precisamente por el interior de la población de Navalucillos. 

Había una señal de tráfico avisando que no se puede hacer esta travesía con vehículos de más de 12 metros, que es precisamente la longitud de nuestro autobús. 

Después de varias maniobras y gracias a la pericia de nuestro conductor en el día de hoy (José), hemos podido sobrepasar la angosta curva sin dejar una nueva marca en las protecciones fabricadas en cemento, que sin levantar mucho del suelo protegen con afán disuasorio y de facto las esquinas de las casas que conforman esta calle. 

Los viejetes del pueblo, que se congregan a estas tempranas horas unas calles más atrás. Hoy no van a ver recular el autobús, como en otras ocasiones haya podido suceder.

Sobrepasado Navalucillos, en un giro a la izquierda, entramos a la pista de tierra que nos va dejar a los mismos pies de la caseta de información del P.N. de Cabañeros. 

Con los distintos permisos que para la ocasión se han tenido que solicitar para poder transitar por el Parque un grupo tan numeroso, me acerco a la caseta de información.

Nos dan el visto bueno y nos previenen acerca de que un compañero suyo está en el interior del parque. Hoy además de a nosotros, esperan la visita de otro grupo que también se desplaza en autobús.

Comienza pues, nuestra subida hacia el Pico Rocigalgo, el más alto de los Montes de Toledo. 

Ya lo había visitado con anterioridad. Los recuerdos van viniendo a la mente, todo está en su sitio, aunque a veces presenta distinto aspecto. 

Casi todo el trayecto de subida transcurre junto al arroyo de El Chorro. Y en esta ocasión, su caudal pone de manifiesto, la escasez de lluvias de este último año. Eso sí, nunca ha llegado a secarse, como afirma el guarda del Parque. ¡Bien sabemos por qué! ¿A que sí Manolito? 

Ángel dice es su nombre, después de presentarme e informarle de lo que el Club de Montaña Pegaso, ha venido hoy a hacer aquí. Concretamente 51 personas y un borrico. 

Después de esta pequeña charla, me doy cuenta que si quiero coger al grupo de cola, voy a tener que correr. 

En un primer momento, retraso lo de correr. Hay que subir por una serie de escalones excavado en el terreno y apuntalados por una serie de maderos. 

Esto ya supone una diferencia con la ocasión primigenia en la que estuve por estos lares. 

Cuando el terreno se vuelve favorable, aprovecho para correr un poco. Tanto es así, que me paso el desvío hacia el primer punto de interés del día, El Chorro. Del mismo modo adelanto al grupo de cola, que permanece en él, contemplándolo al tiempo que hacen algunas fotos.

Para corregir el error, espero en la subida que precede al paraje de Las Cornisa. Aquí he dado caza al señor responsable de la sección BTT (bicicleta todo terreno) que camina en animada conversación con parte del público femenino. 

Una vez que me pasa el penúltimo participante, vuelvo a realizar las funciones de escoba. Solo queda por detrás, pero cercana, la figura del Sr. Bañuelos, fiel notario de todo lo que ha pasado, acontece y sucederá el día de hoy, según reza el acta que afanoso, está levantando. Me sorprende la habilidad que tiene de ir escribiendo y andando al mismo tiempo, sin que su integridad física se vea afectada. 

Este paraje de Las Cornisas, le da un punto a esta ruta y constituye un bonito balcón desde el cual disfrutar cuando levantamos la vista del suelo.

Poco después llegamos al desvío hacia la Chorrera Chica, que en esta ocasión, comprobamos, hace honor a su nombre. Después, deshaciendo en parte el camino, con una trayectoria casi la vertical, cogemos bruscamente altura, hasta que el sendero se tumba nuevamente para seguir el ascenso de forma paulatina.

Prosigue el camino atravesando alguna imponente pedrera antes de penetrar en el robledal que habita en las postrimerías del Collado del Chorro. Preámbulo del último empujón que hemos de dar, si como parece, nuestro deseo es llegar al Pico Rocigalgo.

De momento vamos bien de tiempo. Así que, algunos dejamos las mochilas, al tiempo que otros la portan sobrefornidas y acostumbradas envergaduras, camino del Pico. 

Antaño para avanzar, había que ir sorteando por uno y otro lado la enmarañada vegetación. Hogaño, un estrecho cortafuegos a modo de tiralíneas, permite caminar sin más obstáculos. 

Se llega de este modo, al mirador del Pico Rocigalgo. En él hay una plataforma de madera con un banco, que permite un cómodo descanso y reponer fuerzas comiendo un poco, al tiempo que se disfruta de la amplia panorámica.

Podemos contemplar hacia donde debemos dirigirnos para alcanzar el Pico Tejadillas y acercarnos a nuestro destino, todavía lejano. 

Hace frío y viendo las horas que son, queremos bajar de nuevo al Collado del Chorro para comer a cobijo del viento.

 

Como siempre el grupito que hoy nos hemos juntado, hacemos una puesta en común de los víveres transportados para la ocasión. ¡Sorpresa! Jorge ha traído una suculenta tortilla española, ñam ñam. Y un jugoso pastel del que ha sido imposible dejar ni siquiera las migas. A Naty le ha salido competencia, eso es bueno, muuuu bueno… como le dijo la vaca al heno.

Al final, nos hemos entretenido y ahora va a tocar acelerar el paso camino del Tejadillas. El terreno tiene un desnivel suave en su mayor parte y salvo algún talud o pedrera de roca suelta en el que el sendero se pierde, no presenta más dificultad. El desafío de hoy es llegar antes de que se nos agote la luz solar y en todo caso antes de las 18:00 h. 

Describiendo todos los sube-bajas de la cuerda, iniciamos la última bajada, cuyo camino adosado al vallado de una finca particular, da un pequeño rodeo, previamente al vadeo del río Pusa, que en esta ocasión podemos hacer sin dificultad gracias al escaso caudal que fluye por él.

Como 15 minutos antes de nuestra llegada a Robledo del Buey, nos han preguntado por radio ¿dónde estamos? y les hemos dicho que nos queda poco para llegar, todo el mundo se ha encaminado hacia el autobús y están esperándonos para emprender el camino de vuelta hacia Madrid. Lo que hacemos con un retraso de 10 minutos. 

Implacablemente se ha hecho de noche y circulamos más lentos de lo deseable debido a que nos toca ir un buen rato detrás de un tractor por la imposibilidad de adelantarlo en esta carretera tan estrecha. 

Ya prácticamente, solo queda hacer balance mental de lo que ha sido el día. Lo peor, como siempre, las incongruencias con patas. Lo mejor, como siempre, la compañía de la buena gente de Club, los trozos de pastel de zanahoria cocinados por Naty y envueltos en papel celofán con no menos mimo, la cerveza literalmente helada con la que nos hemos enjuagado el polvo del gaznate los que hemos llegado cuando el motor del autobús se ponía en marcha y la conversación telefónica con Zazo para contarle como había transcurrido la actividad, que con tanta ilusión como siempre, el había preparado. 

… Vega Manolito préstame el sombrero,

el del ala ancha que llega hasta el cielo,

ponlo bocarriba, llénalo de besos,

Déjalos volar, que los reparta el viento…

 

Coordinador: Jesús Esteban.