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Andorra y la 'Cerdagne' francesa.

10 al 15 de agosto de 2018

Y por fin llegó el momento tan esperado de viajar hasta Andorra para disfrutar de cuatro días en las montañas pirenaicas. En esta ocasión, nos disponíamos a explorar la zona limítrofe entre los tres países, Andorra, Francia y España por el Este, con un pronóstico del tiempo que auguraba tormentas durante toda nuestra estancia. De tal manera que, a última hora, se alteró el orden de la ruta del primer y tercer día para adaptarlo a las circunstancias meteorológicas previstas. Sin embargo, finalmente pudimos disfrutar de un tiempo fabuloso todos los días, lo que nos permitió disfrutar al máximo los paisajes majestuosos de la Cerdaña.

Sábado, 11 de agosto

El primer día, después del desayuno en nuestro hotel, pusimos rumbo a la localidad francesa de L'Ospitalet, donde comenzamos la ruta que nos separaría posteriormente en dos grupos, los que acometerían la subida al Pico Rulhe y los que haríamos una ruta alternativa circular que nos llevaría por un paisaje de belleza extraordinaria, pasando por el más modesto Pico Nérassol. La variedad de paisajes que nos acompañarían durante estos días ya se hizo presente en esta primera jornada, alternando zonas pedregosas salvajes con otras con lagos y ríos acompañados de una vegetación exhuberante. De esta jornada cabe destacar la dureza física de la ruta larga al Pico Rulhe, que llevó a los participantes largo tiempo completarla, sobre todo a aquellos que decidieron no perderse la belleza de la circular alternativa y la realizaron también. Al alargarse la jornada, las nubes hicieron acto de presencia y descargaron un buen chaparrón a última hora, cuando estaban llegando los últimos compañeros. Por fortuna todo acabó bien, incluso el golpe desafortunado en la rodilla que sufrió una querida compañera, y que, a pesar de las dudas, finalmente no le impidió disfrutar del resto de rutas.

Domingo, 12 de agosto

El segundo día, de nuevo pusimos rumbo a Francia. Esta vez sería hacia Porta, desde donde comenzaríamos una ruta que nos llevaría a unos hacia la Portella Blanca, punto de confluencia de las fronteras de los tres países y, a otros, hacia el Pico de Puig Pedrós. Ambos grupos nos encontraríamos de nuevo a la vuelta para disfrutar juntos de un descanso a la orilla del río que recorre el Valle de Campardós, donde pudimos refrescarnos y disfrutar de las vistas espectaculares del valle.

Lunes, 13 de agosto

La tercera jornada, en un principio prevista para el primer día, fue, en mi opinión y creo que también en la de muchos, la estrella de las cuatro que realizaríamos. Este día, toda la belleza y diversidad de los paisajes que habíamos visto hasta ahora se multiplicó de una manera excepcional, deleitándonos con lugares paradisíacos. Para empezar, remontamos el Valle d'Incles, con el río rebosando energía en preciosos saltos de agua, hasta el Estany de Juclar, desde donde acometimos la subida la Pico d'Escobes. Esta subida fue más técnica de lo que muchos esperábamos, pero gracias a la ayuda de los compañeros más experimentados, pudimos realizarla con éxito y disfrutar de unas vistas majestuosas. La bajada que tanto nos preocupaba subiendo se hizo, sin embargo, más llevadera y alcanzamos sin más dilación el collado desde el que habíamos partido. Desde aquí y tras reponer fuerzas con las impresionantes vistas sobre el Estany del Alba, la ruta nos llevaría por una sinuosa senda entre grandes lagos de una belleza sublime. El cielo en algún momento amenazó cubriéndose, pero, por fortuna, sólo nos dejó una estampa aún más bucólica del este lugar mágico.

   

Martes, 14 de agosto

El cuarto y último día quizás no fue tan espectacular, dado el listón tan alto que había dejado la jornada anterior, pero nos deleitó también con fantásticas vistas desde los picos de Puig Pedrós de Lanós y Coma D'Or, a los que llegaríamos a través de un camino a media ladera que hizo las delicias de los que disfrutamos llevando un ritmo ligero en terreno cómodo.

Y así finalizamos otro viaje fantástico, no sólo gracias a la belleza del paisaje y la satisfacción del esfuerzo, sino sobre todo gracias a las personas del grupo, siempre tan generosas, amables y alegres. Lo mejor de la montaña es sin duda el espíritu y los valores montañeros, que desearía que también inundaran la vida fuera de estos entornos salvajes que sacan lo mejor de nosotros.

Un agradecimiento especial al trabajo de Pedro Bravo, sin el cual esta salida no habría sido posible.

Coordinadora: Laura de Arriba