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Bulgaria: trekking Rila - Pirin

19-29 de julio 2018 

Miércoles 18 de julio

Excepto dos participantes, todos llegamos a Sofía el miércoles 19, y la gran mayoría (19) tomamos el vuelo de Ryanair de las 09h30 de la mañana que aterrizó en Sofia a las 2h15, con algo de retraso. 

Después de recoger el equipaje facturado, nos encontramos con el guía de la agencia Odissea, Martin, que nos acompañó al autobús que habíamos reservado para llevarnos al hotel. Más tarde nos enteraríamos que existe un metro directo que conecta en 30 minutos el aeropuerto con el centro de la ciudad con un precio de 1,6 Lev (0,8 € aprox.) y que sería la alternativa que utilizamos la gran mayoría el día la vuelta.

En 15 minutos llegamos a una plaza junto al hotel elegido (Hotel Sofia Place), un impecable hotel de 3*, prácticamente nuevo. Una vez ocupadas las habitaciones correspondientes y después de dar una vuelta por los alrededores, a las 8 de la tarde nos fuimos a cenar a un restaurante situado en la misma calle del hotel, donde disfrutamos una cena “típica”, acompañados de la suave música de un grupo de 4 músicos gitanos, con acordeón, trompeta y bombo.

Jueves 19. Monte Vitosha

A las 8h30 de la mañana, después de haber disfrutado del abundante buffet del hotel, tomamos el autobús para realizar la ascensión prevista al pico principal Cherni Vrah (2.290m) del Parque VItosha. Se trata de un macizo de 26.000 hectáreas que tiene calificación de parque natural, que se encuentra situado a 10 km del centro de Sofia, por lo que se considera como el pulmón verde de la capital.  El macizo cuenta con pistas de esquí en las laderas del pico, zonas de escalada y multitud de rutas de montaña donde abunda el roble, haya, fresno, pino y abeto.

Una vez montados en el bus, enseguida nos dimos cuenta que la potencia que tenía era muy escasa y que la velocidad media no superaba los 30-40 km/h, lo cual no era demasiado grave para este día, ya que el recorrido era muy corto, pero si para los siguientes, donde el tiempo de desplazamiento superaba la hora. 

El día amanecía nublado con las cumbres cubiertas de nubes, ventisca y una amenaza de lluvia, por lo que Martin decidió acortar la marcha evitando la ascensión al pico principal, que se encontraba completamente cubierto y azotado por el viento.  El recorrido elegido transcurría un bosque tupido, alternándose pinos y abetos en las partes superiores y hayas y fresnos en las partes más bajas y donde pudimos disfrutar de fresas silvestres y arándanos. 

La marcha pasó junto a un refugio  no guardado que aprovechamos para comer y descansar, y terminó en una  espectacular cascada, desde la cual solo restaban unos 20 minutos de bajada hasta el barrio de Boyana, donde visitamos la iglesia ortodoxa del mismo nombre.  Se trata de una iglesia de pequeño tamaño construida en el siglo X y que desde 1979tiene categoría de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. La particularidad de la Iglesia es que contiene unos bellísimos frescos, superpuestos unos sobre otros, de tal forma que en algunos lienzos se pueden contemplar los originales, mientras que, en otras partes de la iglesia, se pueden ver frescos posteriores.

Desde este punto, después de tomar una cerveza en un bar cercano, volvimos tomamos nuestro lento autobús para dirigirnos a la estación de esquí en Borovets, en el corazón del macizo de Rila.

El viaje tomó unas dos horas, haciendo una parada en un centro comercial para comprar la comida necesaria para los siguientes cuatro días. En Borovets la agencia había escogido un hotel de cuatro estrellas, con amplias habitaciones y un SPA libre.  Se trata de una estación de Esqui con edificios de apartamentos y hoteles dispersos en un bosque de pinos. 

Viernes 20. Pico Musala (2.925m)

El día amaneció soleado, aunque las previsiones amenazaban con tormentas por la tarde. Este día se trataba de subir al pico Musala (2.925m), el más alto del macizo y también de toda Bulgaria, su nombre proviene de Mus Allah (montaña de Alá o de Dios), aunque durante el período 1942-1962 pasó a denominarse Pico Stalin. 

Se hicieron dos grupos, uno de ellos inició la marcha sin usar medios mecánicos, tomando una pista que sale desde la carretera, mientras que el resto tomó una telecabina. La primera opción implicaba un ascenso acumulado de 1750m, mientras que la segunda tenia 1000m menos de desnivel.

El camino desde la carretera inicialmente es una pista que atraviesa un bosque de coníferas muy tupido (como todos los del país) y que, al llegar a una casa de la estación de esquí se convierte en un sendero estrecho pero muy marcado, rodeado de maleza que supera los 2 metros, pero que es muy fácil de seguir, aunque gran parte se había convertido en un rio como consecuencia de las lluvias.  

En unas dos horas se llega a un refugio de tres plantas donde confluye el camino que proviene de la última estación del telecabina. Desde ese punto la única vegetación que se ve es hierba y arbustos bajos, y también a partir de este punto, el camino es mucho más frecuentado debido a la facilidad de acceso y continúa ascendiendo serpenteando en dirección a un segundo refugio, situado junto a un pequeño lago, prácticamente debajo de la cumbre.  Se trata de un camino ancho, muy marcado y que dispone de postes de señalización de 3 metros cada 100m, por lo que resulta imposible perderse.

El segundo refugio estaba rodeado de gente que se encontraba descansando. Desde este punto solo restan 200m a la cumbre del pico, al que se llega mediante un camino ancho muy bien trazado sin ninguna dificultad y que dispone de cadenas en algunos lugares para momentos de nieve o lluvia.  En la cumbre hay una estación meteorológica de dos plantas algo destartalada que resulta bastante chocante teniendo en cuenta la altitud.

Después de descansar, algunos optaron por volver desde la cumbre por el mismo camino utilizado para subir, mientras que otros continuaron la cuerda hasta el pico Pequeño Musala (2.904m). Se trata de una cuerda sencilla, salvo en una brecha donde se dispone de un cable que puede ser útil en caso de lluvia o nieve. La cuerda recorre todo el circo, rodeando el lago y el refugio inferior. Una vez ascendido al último pico, se baja al camino original siguiendo unos hitos y ya no queda más que volver por nuestros pasos hasta alcanzar el primer refugio y después llegar a la estación superior de la telecabina. Allí, salvo tres personas, todos decidimos bajar por la telecabina, para reservar fuerzas para el día siguiente y también para tener tiempo suficiente para poder disfrutar del SPA del hotel.

Sábado 21. Refugio Malióvitsa

Como los días anteriores, después de desayunar a las 7h30, tomamos el bus para dirigirnos a la zona del refugio Maliovitsa, e iniciar una travesía de tres días. La marcha prevista para el primer día tenía su inicio en el punto de arranque de la pista de aproximación del refugio y llegaba a este mediante un recorrido de 12, 5 km y 1000m de desnivel positivo.

Martín, a la vista de la poca potencia del bus, había solicitado un cambio. El segundo bus que nos enviaron sí que tenía más potencia, sin embargo carecía de sitio para guardar el equipaje, por lo que hubo que hacer malabarismos colocando el equipaje en el pasillo y rezar para que no nos parase ninguna patrulla de la policía.

Martín decidió, con la conformidad de todos, que podíamos llegar primero al refugio (40 minutos de marcha y 300m de desnivel), para dejar allí lo que no necesitábamos y desde allí hacer un recorrido circular con menos peso.

Así lo hicimos, después de los 40 minutos previstos, alcanzamos el refugio que se encontraba repleto de visitantes, debido a la cercanía de la carretera y a la proximidad del pico del mismo nombre. Una vez aligeradas las mochilas, iniciamos el camino por el sendero que se dirige al fondo del valle, hasta alcanzar una gran roca que se encuentra repleta de placas de escaladores muertos.

En este punto, se tomamos el sendero que asciende a la vertiente izquierda del valle y que en unos 50 minutos nos llevó a un refugio de escaladores donde la mayoría comimos. En este punto el grupo de dividió: unos cuantos ascendieron a un pico próximo para continuar por el cordal, mientras que el resto pasó por el collado contiguo.

Nada más pasar el collado había que bajar por un pequeño barranco en el que todavía quedaba una lengua de nieve con cierta inclinación. La nieve no estaba muy dura, pero Martin prefirió evitarla en lo posible. Aun así, fue inevitable bajar por ella unos 20 metros. Para ello Martín monto una reunión con dos bastones clavados en la nieve y una cuerda. Gracias a esa cuerda todos bajamos sin peligro.

Siguiendo el camino, alcanzamos un pequeño lago denominado “del Miedo” (donde se supone que si te bañas se te quitan los miedos) donde se encuentra una pequeña cabaña no guardada. Hubo alguno que se bañó, y en vez de quitársele los miedos le entraron unos desasosiegos intestinales que le duraron 5 días…

Después de descansar, iniciamos todos juntos el camino de descenso, al principio es un fácil sendero entre praderas, pero que termina con una pedrera interminable que llega a una zona de acampada junto al arroyo donde se asienta el refugio.

El refugio es amplio, pero con muchas señales de abandono. Hay que señalar que proporcionan sábanas, pero, por el contrario, no disponen de papel higiénico en los servicios.  El trato es amable, la cerveza es barata en comparación con los refugios españoles o franceses (2,5 lev  o lo que es lo mismo 1,25 € por una lata de 500 ml, en comparación con los 3,4 € que habíamos en el refugio de Estos unas semanas antes por una lata de 333 ml).

La cena se puede calificar de correcta, con un primer plato de sopa seguido de un plato con dos filetes rusos o hamburguesas. 

Domingo 22. Refugio Ivan Vazov

El día amaneció totalmente despejado y con unas previsiones de tiempo perfectas para hacer el recorrido previsto. Después de desayunar a la hora habitual, tomamos el mismo camino del día anterior, ascendiendo en dirección a la cabecera del valle, para llegar a la roca de las esquelas, pero esta vez continuamos en dirección al centro del circo, para después girar a la derecha, momento en que el camino se hace más empinado. A una altura de 2.400m el camino pasó junto a un lago y luego continúo ascendiendo hasta alcanzar la cuerda a 2.700m.

 

En un momento determinado abandonamos la cuerda principal para desviarnos hasta la cumbre del pico Malyovitsa (2.729m).   Es el pico más significativo de la zona que da el nombre al refugio, y que se encontraba bastante concurrido.  Entre las personas que estaban descansando se encontraba un grupo de hombres y mujeres que con la ayuda de un altavoz  bailaron unas danzas típicas  búlgaras que días después practicaríamos nosotros mismos. 

Una vez hubimos descansado lo suficiente nos volvimos a la cuerda principal que seguimos durante hora y media hasta alcanzar el collado por el que se baja al refugio de Ivan Vazov  (2.300m). En este punto un grupo bajó directamente al refugio y otro continuó por la cuerda situada junto al refugio y que da vista a la zona de los Siete Lagos de Rila, hasta alcanzar el collado por donde el camino desciende hasta el refugio.  Durante este recorrido pudimos disfrutar de una vista panorámica de los siete lagos, que al ser sábado estaban repletos de visitantes   Una vez en el refugio, los más rápidos ascendieron a los picos situados en frente del refugio.

El refugio tiene el nombre de un reconocido escritor del siglo XIX y lo gestiona una persona (ayudado por un grupo de voluntarios) que alterna este trabajo con estancias en la India. Por todo el refugio abundan inscripciones budistas y puertas labradas de estilo claramente hindú.  El refugio se encuentra rodeado por un amplio prado por el que deambulan caballos que por la mañana se acercaban a husmear entre las mochilas.

Como el anterior, el alojamiento se encontraba repleto y la comida fue también parecida, pero en este caso la hamburguesa era vegetal. El del desasosiego intestinal se tuvo que conformar con una sopa sosa de arroz y hierbajos servida en el cacillo del perro… 

Lunes 23. Monasterio de Rila

Este fue el primer día en que el tiempo cambió, y a partir de entonces tuvimos una sucesión de días con tiempo inestable y con previsiones de tormentas a media mañana y durante la tarde, por lo que Martín, sabiamente, adelantó el desayuno para tratar de evitarlas.

Este día tocaba pasar a la zona de los Siete Lagos de Rila, para lo cual teníamos que ascender el camino de bajada del día anterior, ascendiendo los 300m que restaban hasta alcanzar la cuerda, para después descender a  la otra vertiente  y  tomar el camino que trascurre junto a los principales lagos, algunos de ellos tienen nombres acordes a su forma: el lago del Riñón, los Gemelos, el Ojo… Al haber iniciado el camino temprano tuvimos la ventaja de poder disfrutar de los caminos prácticamente solos.  El camino  pasó junto al refugio Ezera donde algunos aprovecharon para tomar una sopa de ortigas. El grupo más fuerte optó por ascender a un pequeño pico situado al este del refugio.

Junto a este refugio tuvimos la oportunidad de ver a un grupo de unas treinta personas de la Hermandad Blanca vestidos de blanco y realizando unos bailes rituales. Se trata de un grupo esotérico pacífico fundado en Bulgaria a principios de siglo XX por Petar Dunov y que considera que hay cinco lugares sagrados en el mundo por donde se canaliza la energía espiritual: lagos de Rila, Machu Pichu, Isla de Socotra (océano Índico), Berat (Albania), Isla de Pascua y el pico Kailash (Tibet). Como forma de canalizar la energía utilizan un baile circular acompañados de música de violín. Según Martin son muy respetados y durante el mes de agosto suelen hacer grandes concentraciones de bailes junto a los lagos.

Una vez recuperadas las fuerzas, continuamos por el camino hasta alcanzar la estación del teleférico, un imponente edificio de 7 plantas que es también hotel. Un grupo lo tomó para alcanzar la carretera, mientras que otro decidió bajar andando los 600 m de desnivel, llegando aproximadamente a las 3h.

Allí nos estaba esperando el nuevo bus, acompañado esta vez  por una furgoneta que iba a llevar nuestros equipajes.  El plan era ir a dormir al Monasterio de Rila, pasando antes por un centro de aguas termales,

La tormenta prevista para el mediodía se retrasó, estallando precisamente en el momento en que entrabamos en el balneario, que está al aire libre. Mientras que en España las piscinas se desalojan al primer trueno, allí parece que la normativa es más laxa, por lo que pudimos disfrutar de las piscinas del balneario prácticamente solos, con la lluvia cayendo mientras estábamos en al agua y viendo como los rayos iban acercándose a las proximidades del recinto.  El balneario es muy aconsejable ya que cuenta con instalaciones modernas compuesta de diversas piscinas a temperaturas muy diferentes, que incluyen chorros diversos.  El precio es también muy económico, el equivalente a 5 €.

A las 5 retomamos el autobús y nos dirigimos al Monasterio de Rila donde íbamos a pernoctar en las antiguas habitaciones de los peregrinos. Las habitaciones son muy básicas, aunque todas cuentan con baño y están muy limpias.  Para cenar acudimos a un restaurante que es parte del complejo y que está situado junto a él.

El monasterio es el epicentro religioso ortodoxo búlgaro, pero en la actualidad solo residen en él de modo permanente 6 monjes. Tuvimos la oportunidad de vez a alguno de ellos, y llamaba la atención por su gran altura y su gran barba.

El lugar es totalmente silencioso lo que permitió recuperar el sueño perdido del día anterior. Silencioso si no tenemos en cuenta los sonidos guturales que salen de las gargantas de alguno que otro después de  30 segundos de estar en posición horizontal… 

Martes 24. Gorno Dráglishte.

El día amaneció con una lluvia torrencial, así que después de dedicar una hora a visitar el monasterio, decidimos por común acuerdo con Martín no hacer la marcha programada e irnos directamente al pueblo de Bansko para hacer turismo. Este pueblo cuenta con un centro histórico con casas de arquitectura típica, pequeños museos y una particular gastronomía local. 

Llegamos en unas dos horas y lo primero que hicimos fue visitar la iglesia de la Santísima Trinidad, no tan espectacular como la del Monasterio de Rila o la de Boyana, pero que merece la pena visitar, especialmente contando con las explicaciones de Martin. Después aprovechamos para dispersarnos por el pueblo para comer y hacer algunas compras de comida para los siguientes días de travesía a través del macizo de Rila.

A las tres volvimos a montar en el bus para ir al pueblo de  Gorno Dráglishte donde teníamos previsto el alojamiento en dos casas rurales.  En las proximidades del pueblo paramos para ver otra iglesia ortodoxa, construida durante la ocupación otomana y de tamaño muy reducido, pero también muy auténtica, con frescos muy bien conservados.

Esta iglesia, al igual que otras muchas en Bulgaria, se construían sin apenas elevación y escavando hacia abajo para conseguir espacio. El motivo es que durante la ocupación otomana, no tenían permiso para construir edificios religiosos ortodoxos que destacaran.

Después de la visita nos dirigimos al pueblo y nos repartimos entre las dos casas rurales asignadas.  La vivienda principal no tenía nada que envidiar a un hotel, habitaciones amplias y luminosas, aunque algunas tenían que compartir el baño. En cuanto la segunda vivienda, recordaba mucho a una casa de un pueblo español de hace 30 años.

Una cosa curiosa en muchos cuartos de baño, es que no hay separación ente la ducha y el resto del cuarto de baño, no hay plato de ducha. Existe un desagüe en el centro del cuarto de baño por donde desaloja el agua. Eso supone que el cuarto de baño habría que fregarlo continuamente… (O no…)

 

 

La cena fue tradicional, con platos típicos tan abundantes que más de uno no se los pudo acabar. La cena estuvo acompañada de la hospitalidad de las señoras de la casa que se desvivieron para atendernos y culminó con una serie de bailes típicos en la que participaron muchos de nosotros vestidos con trajes típicos búlgaros. 

Miércoles 25. Refugio Demyánitsa

Este era nuestro primer día en el macizo de Pirin, y como el resto de los días anteriores, las previsiones de tiempo  eran malas, incluyendo posibles tormentas a partir de las doce de la mañana.

Con el bus nos dirigimos al refugio Gotse Delchev donde decidimos tomar todos los telesillas para ganar tiempo y poder evitar la tormenta. El teleférico permitió superar en 10 minutos el desnivel de 600m para que restaba para alcanzar el refugio Bezbog, desde allí iniciamos la marcha prevista, siguiendo un camino que avanza por el valle hasta llegar al lago (2.200m), momento en que el camino gira al oeste para alcanzar el collado (2.490m) que da paso al valle contiguo.

En ese punto nos encontramos con un grupo de unos 40-50 chicos acompañados de tres profesores que  estaban haciendo un recorrido opuesto al nuestro, entre los cuales se encontraba una chica que hablaba un perfecto español al haber estado un tiempo viviendo en Getafe.

Después de descansar un rato, iniciamos el descanso que nos llevó primero a dos lagos y posteriormente al refugio Demyánitsa  (1.850m). Bonito refugio que disponía de un sistema de lavado tradicional consistente en un recinto de madera por el que circula el agua que se recoge de un torrente y donde se deposita la ropa. Este recinto tiene unas ranuras que retienen la ropa pero permiten que se escape el agua.  Una vez que llegamos al refugio, un grupo decidió aprovechar la tarde para ascender hasta unos lagos en la vertiente opuesta del valle.

En este refugio era curioso también que la fuente de energía para calentar el agua de las duchas (y supongo que también el de la cocina) era la madera. El cuarto de las duchas tenía en su parte posterior una caldera de madera. La existencia de agua caliente o no, dependía de si se ponía en marcha o no esa caldera. Tuvimos suerte…

 

 

 

Jueves 26. Refugio Vijren

Como todos los días, desayunamos temprano para evitar las tormentas de la tarde. La marcha esta vez se inició retrocediendo unos 100 metros por el camino de llegada al refugio el día anterior, para posteriormente empezar a subir por la vertiente izquierda del valle, siguiendo el valle del arroyo Demyánitsa, hasta alcanzar una zona de sucesivos lagos glaciares, culminando la subida en un collado a 2.550m.

En este punto un grupo inicio el descenso hasta el Refugio Vijren, pero otro continuo por la cuerda hasta ascender al pico Todorka, montaña emblemática de la zona, donde dice la leyenda que se refugió una joven búlgara perseguida por un malvado turco, y que cuando iba a ser capturada prefirió suicidarse. En una de las laderas de este pico existen dos lagos gemelos. La leyenda dice que esos lagos son los ojos de la joven.

La tarde se fue nublando y los últimos en llegar no pudieron escaparse de un chaparrón. Sin embargo, aprovechando un intervalo de buen tiempo, por la tarde los más fuertes acompañados de Martin acometieron los 900m de desnivel que restaban para  ascender al Pico Vijren (2.914m), el más alto del macizo y que estaba previsto ascender el día siguiente.

En este refugio dio la casualidad  de que volvimos a coincidir con el grupo de escolares búlgaros, entre los que se encontraba la chica de Getafe y que tuvieron la amabilidad de ofrecernos los postres que les sobraban.  El refugio es muy grande pero se encontraba completamente repleto, por lo que algunos tuvimos que dormir en unas cabañas prefabricadas junto al edificio principal, en general se durmió bien, aunque algunos se quejaron de haber pasado frio.  El refugio tenía los servicios averiados por lo que había que utilizar una caseta en el exterior.

Todas las noches del viaje, normalmente después de la cena, Martin nos explicaba los que íbamos a hacer los siguientes días, y en concreto el siguiente día. Hasta la fecha Martin nos había dado rienda suelta en todas las caminatas. Dado que ya el primer día vio que el grupo tenía cierta experiencia. En la charla de esa noche, Martin cambio un poco su enfoque. Nos dejó muy claro que al día siguiente había un paso complicado y que por su responsabilidad como guía no nos podía permitir andar a nuestras anchas. Y que al día siguiente todos le siguiéramos. Tuvimos que dejar temporalmente de lado la anarquía…

Viernes 27. Refugio Yávorov

Esta era la etapa de más dificultad de toda la travesía, ya que incluía la ascensión al pico Vijren además de una travesía por una cuerda que Martín nos ha había prevenido que tenía dificultad y que sería imposible de hacer en caso de mal tiempo.  A la vista de las malas previsiones, Martin nos comentó que tenía más interés hacer la cresta que el pico, y nos avisó que íbamos a abandonar la idea de subirlo y que íbamos a bordearlo. Al llegar a la cuerda, en función de la evolución del tiempo tomaría la decisión de darnos la vuelta hacia el refugio de partida o continuar.

Después de desayunar a las 6h30, nos pusimos en marcha,  esta vez Martín tomó el control de la cabecera del grupo y  fuimos subiendo de una manera bastante compacta. El camino sale del refugio, ascendiendo por la vertiente derecha del valle en dirección al pico Vijren, pero en seguida tomamos un desvío que rodea el pico por detrás, Atravesando unas zonas de roca suelta por donde andaban cabras salvajes, que provocaban pequeños desprendimientos de poco peligro, pero que nos obligaron a pasar deprisa. El camino asciende suavemente a través de varios collados.

Al llegar a un llano, se pudo observar la impresionante cara norte del Vijren, una pared muy vertical de unos 200 metros, con la piedra desgarrada por la erosión. Después se confluye con el camino original previsto que baja del pico, llegando al punto más alto de todo el día; una colina de 2.900m. 

En este lugar,  después de descansar un rato,  y a la vista de que el tiempo no había empeorado demasiado, Martín tomo la decisión de continuar y pasar con todo el grupo lo que se conoce como “paso del caballito”, pero antes preguntó si había gente con problemas de vértigo, encordando a dos personas que estaban preocupados por la descripción que había hecho de la dificultad del paso.

El paso del Caballito es una cresta estrecha, de 1 km de longitud, con una imponente caída de unos 500m en el lado derecho y una pendiente de unos 40 grados en el lado izquierdo. Sin embargo, todo el tramo está perfectamente equipado con un cable de acero de 1 pulgada sujetado firmemente (más o menos) mediante postes de hierro cada 10 metros. En resumen, este paso dispone de una barandilla que permite pasar sin ninguna dificultad, siempre que uno no se suelte. Con buen tiempo no es más que un paseo para una persona sin vértigo, sin embargo mojado  o con tormenta eléctrica se puede volver una actividad muy peligrosa.  

Todo pasamos sin ninguna dificultad y continuamos la marcha a buen ritmo a la vista de que el cielo se iba cubriendo cada vez más, viendo como las nubes iban descendiendo hasta cubrir el último collado, donde ya se iniciaba el descenso al refugio. En este punto, sin que Martin dijera nada, ya entendimos que de nuevo podía reinar la anarquía y cada cual hizo la bajada a su libre albedrio… decidimos no parar y continuar de un tirón hasta el refugio Yávorov, atravesando un bosque frondoso y tupido.

Este era el mejor refugio de todos los que recorrimos, con la ventaja encontrarnos prácticamente solos,  y donde dormimos en tres habitaciones grandes, muy limpias y espaciosas, con una cena y un desayuno abundante.

Sábado 28. Sofía

Este día solo quedaba bajar del refugio a la carretera, unos 600m de desnivel que transcurren inicialmente por una pista que posteriormente se convierte en camino que conduce a la carretera donde nos recogió el bus

El trayecto a Sofia empleó unas dos horas y media, llegando a Sofia a la hora de comer.  Por la tarde Martín nos hizo un recorrido turístico por la capital que nos permitió localizar los monumentos más relevantes de la capital, que luego visitaríamos los días siguientes los que decidimos quedarnos unos días más.

Los principales monumentos de Sofia se pueden ver en un día, como un grupo nos íbamos a quedar dos, decidimos dedicar el segundo a la capital cultural de Bulgaria, Plovdiv, que cuenta con restos romanos, y un casco antiguo con casas medievales en perfecto estado. El trayecto Sofía – Plovdiv en bus lleva unas dos horas.

La última tarde de la mayoría también tuvimos tiempo para realizar algunas compras los que volvíamos al día siguiente.

Y por la noche tuvimos de nuevo una cena típica en el mismo restaurante de la primera vez.

Anotaciones:

Martin resulto ser admirable en muchos sentidos. Es un montañero experimentado, fuma como un carretero, pero el tío tiene fuerza y fuelle. Es un buen guía de montaña. Pero no solo eso. Es también un gran organizador de grupos. Tenía siempre controlada la situación. Nos ayudaba, nos explicaba, todo perfecto. Y como persona también resultó ser un tío muy majo sobre todo cuando se ponía a charlar con nosotros después de beberse alguna cerveza que otra y de beberse el brebaje ese (de nombre difícil) que los búlgaros acostumbran a tomar mientras comen o cenan…

Y ¡¡¡¡cómo no!!!! Las infusiones de hierbas con sustancia… ¡¡¡¡Nasdrave!!!!  (o como leches se escriba eso…)

También hay que hacer mención especial a Marian. NO solo porque también fuma como un carretero, si no por su habilidad construyendo hitos inverosímiles que desafían a la ley de la gravedad. Es asombroso las figuras que puede lograr con unas cuantas piedras. Mariam aprovecha cada pequeño (o gran) momento de descanso para imaginas y construir una nueva obra… (Esperemos que el viento no sople muy fuerte). Recuerdo incluso a varias chiquillas del grupo de adolescentes (el grupo de la de Getafe) que se quedaron atónitas con una de los hitos y empezaron a realizar fotos…Chillida a su lado una birria…