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          X Trofeo Cordales Pegaso 2018 

Cordal II. El Zapatero 

17 de Febrero 2018 

El sábado 17 de Febrero el grupo de Pegaso realizó tal y como estaba previsto la actividad del pico Zapatero, en la sierra de la Paramera. Salimos de Madrid hacia Ávila tras recoger a todos los participantes puntualmente en Canillejas, Pza. Castilla y Las Rozas. 46 de los 48 inscritos nos dirigimos hacia el puerto de Navaluenga, donde daría comienzo la ruta, la teóricamente opción larga. 33 participantes optaron por esta opción. Después de prepararse para echar a andar, mochila al hombro y abrigados, los 13 restantes continuamos en el autobús hasta el pueblo de Navandrinal donde comenzaba nuestra ruta, “la corta”. 

El día presagiaba una buena jornada montañera, aunque frío y algo de viento comenzaba claro y soleado, la vista del cordal por el que se desarrollaba la ruta larga era prometedora. Y así los participantes fueron avanzando por un terreno moteado de nieve, en ligero y continuo ascenso fueron pasando por los puntos que estaba previsto: Risco Descolgadero, los Carcamales, peña Cabrera. Buena mañana que dio pie a tomar el correspondiente tentempié compartido entre compañeros y amigos de Pegaso. 

Sin embargo, ratificando aquello de lo impredecible de la montaña, el tiempo dio un vuelco, y llegando al collado del Cuchillo el día no tenia nada que ver con lo que había sido. Nieve, cada vez más nieve, y niebla que impedía una buena visibilidad hicieron que hubiera que replantearse el resto de la jornada. 

Mientras tanto, por otro lado, los de la corta echábamos a andar desde Navandrinal. Subimos a la parte alta del pueblo y desde allí nos encaminamos con dirección al mencionado Portacho del cuchillo, punto en el que se juntaban ambos grupos. Buenas vistas al frente de la sierra de la Paramera, el Zapatero hacia el oeste y la garganta por la que habíamos de ascender hasta lo alto del cordal. Día fresco pero claro y soleado que presagiaba una buena jornada montañera. 

Poco a poco, en continua ascensión fuimos ascendiendo siguiendo una senda que subía por la garganta. Cabe señalar que a media ladera uno de los componentes del grupo decidió volverse al pueblo. No se encontraba anímicamente bien, con lo que dada su contrastada experiencia y que no sufría ningún impedimento físico decidimos que volviese el solo. Y así continuamos ascendiendo hacia el risco del Cuchillo los 12 componentes de nuestro grupo. 

Y fue poco antes de coronar al collado cuando las condiciones cambiaron. Los últimos metros los subimos entre la niebla, la visibilidad se redujo hasta no ver el propio Cuchillo, a pocos metros de nosotros y la nieve cubría todo, aumentando su espesor. Continuamos caminando, el mal tiempo incitaba a no parar. 

Las emisoras apenas nos ayudaban, lo último que nos llegó a través de ellas era que un grupo de los participantes de la ruta larga decidía descender hacia el pueblo desde el portacho del Cuchillo, desistiendo de continuar por el cordal hasta el Zapatero. Sorpresa, se trataba de alguno de los miembros fuertes del club. El grupo de los de la corta, a pesar de todo seguimos hacia adelante; eso sí, todos juntos puesto que la niebla no daba tregua, y la visibilidad era escasa. Las condiciones climatológicas eran malas, cada vez más nieve, niebla cerrada y un viento helador en las zonas más desprotegidas. La nieve blanda que todo lo cubría era como una inmensa trampa en la que las clavadas eran constantes. Hubo algún momento de duda entre continuar o volverse, pero el grupo siguió adelante concienzudamente. 

Así continuamos avanzando más bien lentamente hasta bordear por la cara norte el Risco del Sol, por una zona donde la niebla y sobre todo la gruesa capa de nieve en la que nos hundíamos mientras caminábamos nos confirmaron que deberíamos haber dado la vuelta en el portacho del Cuchillo. Sin embargo y a estas alturas de la ruta, nuestra mejor opción ya era continuar hacia delante, y así lo hicimos. Aguerridamente, en fila de a uno siguiendo la huella, deteniéndonos sólo para desenclavarnos de la nieve. Mención especial para una compañera que pese a su indisposición estuvo totalmente a la altura de las circunstancias. 

Metidos en este día ya puramente invernal seguimos la ruta track en mano. Lentamente avanzamos hacia la cima del Zapatero, donde finalmente coincidimos con los pocos miembros de la marcha larga que habían decidido continuar con la ruta en el Portacho del Cuchillo. La mayoría, sopesando las condiciones que se iban a encontrar desde este punto hacia delante, tomaron la decisión, probablemente acertada, de descender por el Cuchillo hasta Navandrinal y dar así por bien concluida esta jornada. 

Ya por fin en la cima  del pico Zapatero, tras un par de  rápidas fotografías para inmortalizar el momento, el grupo comenzó la bajada. La pendiente, muy inclinada, la niebla espesa que limitaba enormemente la visibilidad, un viento gélido, sensación térmica heladora y la gran cantidad de nieve hicieron dudar de por donde afrontar la bajada. Unos momentos de incertidumbre en los que no se veía nada claro por donde continuar, incluso la huella de los que habían pasado anteriormente el fuerte viento la había hecho desaparecer. Sólo sabíamos que había que bajar. Finalmente dos compañeros se lanzaron pendiente abajo, valientemente encabezando y marcando el camino a los demás, que poco a poco descendimos con una extrema precaución unos pasos bastante expuestos, peligrosos. En algunos momentos el hielo ralentizaba la marcha, la orientación noroeste de este tramo daba un carácter puramente invernal al descenso, incluso alpino lo definió alguien. 

Poco a poco el grupo se fue estirando y fragmentando, las horas de duro esfuerzo hacían mella y el tiempo se echaba encima. Seguía la niebla, seguía la nieve, y seguimos nosotros hasta alcanzar el Portacho del Zapatero, donde comenzaba una tendida bajada por la garganta en dirección al pueblo. Durante gran parte de la misma fuimos descendiendo sin apenas variar las condiciones, dando por hecho de que iba a ser difícil terminar la ruta en el horario previsto. 

Cuando ya descendimos a cotas donde empezar a pisar, por fin, tierra, un rápido picoteo para intentar reponer algo de fuerzas y continuar hacia el pueblo, quedaban todavía algunos kilómetros para llegar. Sin pausa, la caída de la tarde  ya indicaba que hoy tendríamos que usar los frontales. De nuevo las emisoras empezaron a funcionar, por ellas oíamos a los compañeros que desde el pueblo se intranquilizaban por nosotros, el último grupo en descender. Sin poder indicarles que no era necesario oímos como alguno de ellos se disponía a subir a buscarnos en el último tramo. Cuando coincidimos, evidentemente agradecidos por su gesto, ya con los frontales encendidos, fuimos repasando la jornada: Dura, fría, invernal, alpina, hasta infernal, masculló alguno. También es cierto, y esa sensación me quedó, que como me dijo otro compañero, “a pesar de todo he disfrutado un montón”. 

Finalmente, ya en la plaza del pueblo, fuimos recibidos, a pesar de nuestro retraso, con halagos y abrazos por los compañeros y amigos que nos esperaban. Tuvimos tiempo de ponernos algo de ropa seca, de intercambiar impresiones e incluso de reponer líquidos con una rápida y rica cerveza. Al autobús y hacia Madrid, que ya era hora. 

Como coordinador de la actividad sólo me falta dar mi más sincero agradecimiento a todos: a los fotógrafos, como siempre, a los que subieron a buscarnos, a los que se tiraron para abajo desde el Zapatero, a los que realizaron la férrea ruta, a los que lúcidamente decidieron acortarla, a los nuevos, en definitiva, a todos y a todas participantes de esta actividad, sin los que esta jornada no habría tenido lugar. 

Gracias. 

César Gil.