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Estells del Sud. Travesía por el Macizo dels Ports

9 al 12 de noviembre de 2017

La noche del 8 de noviembre nos juntamos en el pueblo turolense de Beceite un grupo de 20 personas para iniciar una travesía por el Macizo de los Puertos, un parque natural desconocido para muchos y que resultó ser de una belleza espectacular.

Llegar ya caída la noche a este pueblecito encantador, con la emoción provocada por la anticipación de las aventuras que nos esperaban, y el encuentro o reencuentro con nuevos y viejos amigos, fue el mejor comienzo de un viaje de solo cuatro días, que, sin embargo, permanecerá en mi memoria (y espero que en la de muchos) para siempre.

Día 9, jueves: Beceite – Refugio de Font Ferrera

La Casa de l'Aigua, donde nos alojamos la primera noche, resultó ser una confortable casona antigua rehabilitada como albergue y alojamiento rural, regentada por Eduard, un joven catalán encantador. Fue él quien, al preguntarnos qué ruta haríamos al día siguiente, nos sugirió cambiar nuestros planes iniciales y hacer la ruta por el fondo del barranco del río Matarraña, en lugar de por las cimas adyacentes de las Moletes d'Arany, como en un principio estaba previsto. La razón por la cual se había descartado durante la organización de la actividad la opción del barranco fue la posibilidad de que hubiese agua, lo que haría la ruta inviable. Al confirmarnos que el cauce estaba seco y la totalidad del recorrido era practicable, no dudamos en escoger esta opción que nos permitiría disfrutar de un paraje donde la naturaleza se muestra con una belleza difícil de explicar con palabras.

Para mi asombro y el de muchos, durante esta primera jornada el grupo al completo se mantuvo unido todo el trayecto hasta que llegamos al final del barranco, donde disfrutamos juntos de unos minutos de descanso antes de proseguir nuestro camino. Durante este primer día se demostró una vez más la generosidad que caracteriza a este club cada vez que se presenta un obstáculo a lo largo del recorrido. Obstáculos que para algunos no tienen ninguna dificultad, pero que para otros representan un gran desafío y necesitan la ayuda de los compañeros para poder seguir el camino con seguridad.

Después del pequeño descanso, decidimos alargar la ruta y subir también al Monte Arany para  contemplar la fabulosa orografía que forma el barranco desde los puntos más altos. Esta decisión implicaba alargar la ruta 10 km más. Fue una tendida subida entre pinos que se iba haciendo algo larga, ya que no se vislumbraba el final. En este punto, algunos compañeros decidieron iniciar la vuelta hacia el refugio de Font Ferrera, lugar en el que pernoctaríamos la segunda noche. A los que seguimos, la paciencia y esfuerzo nos premió con unas vistas de una belleza sublime. Contemplar la naturaleza en todo su esplendor nos otorga momentos como ese en la cima del Monte Arany, espacios de tiempo en los que la vida cobra todo el sentido, las preocupaciones se evaporan y una paz pura nos invade.

Una vez alcanzada la cima del Monte Arany, volvimos sobre nuestros pasos para recorrer los kilómetros que nos separaban del refugio Font Ferrera. A estas alturas de la jornada, el esfuerzo estaba empezando a pasar factura y uno de nuestros compañeros terminó la ruta con una lesión que, desgraciadamente y a pesar de su determinación, no le permitiría continuar la travesía a pie.

En el refugio Font Ferrera nos esperaban Gabriel y Estela con una cena caliente, una chimenea de leña y su amabilidad.

Día 10, viernes: Refugio de Font Ferrera – Nuevo Refugio Caro

A la mañana siguiente, Gabriel nos acompañó hasta el inicio del sendero que nos llevaría hasta la cima del Negrell, donde una vez más contemplaríamos el soberbio paisaje del Macizo de los Puertos. Una vez allí, la ruta proseguía por pistas y senderos sin posibilidad de pérdida que nos llevarían hasta la cima de Tarragona, el Monte Caro, otro mirador excepcional. Cabe destacar que, a pesar de las nada estéticas torres de telecomunicaciones del monte, en la aproximación al mismo por la cresta de Marturi son casi inapreciables y resulta un recorrido de gran belleza. Sin embargo, la bajada al refugio Caro es un poco más tediosa por lo artificial de la misma, ya que transcurre por tramos de la pista para vehículos que sube a la cima. A los pies del monte, nos esperaba el Nuevo Refugio Caro, un confortable refugio regentado por María y su marido en el que cenaríamos y dormiríamos esa noche. Allí se encontraba también nuestro compañero lesionado, que había llegado en coche esa mañana con Gabriel, el guarda de Font Ferrera.

Día 11, sábado: Nuevo Refugio Caro – Arnes 

La tercera jornada comenzó con dos grupos diferenciados, el primero que haría la ruta prevista por Terranyes y el que haría una variante por el Barranco del Carrer Ample, sugerencia de María, la guarda del Refugio Caro. Este último grupo, siempre en la búsqueda de situaciones desafiantes, disfrutó con el aliciente añadido del fuerte viento que hizo que tuvieran que agudizar los sentidos y la concentración. Nuestro amigo lesionado y yo tuvimos nuestra aventura particular, ya que teníamos el reto de llegar desde el Monte Caro hasta el pueblo de Arnes, en el otro extremo del macizo, de una manera alternativa a la ruta a pie. Finalmente, una vez más, la enorme generosidad de los lugareños hizo que llegáramos sin dilación a nuestro destino.

En el pueblecito de Arnes nos esperaban dos alojamientos rurales muy acogedores y con mucho encanto, en los que nos repartiríamos, y donde disfrutaríamos de todas las comodidades que no habíamos tenido los días anteriores. Marisa e Ismael, los dueños de Lo Corral d'Arnes nos trataron estupendamente e, incluso, se ofrecieron a llevar a nuestro compañero lesionado hasta Beceite en coche a la mañana siguiente.

Día 12, domingo: Arnes – Beceite

El Macizo de los Puertos siguió deleitándonos con su belleza la última ruta de la travesía, que nos llevaría desde Arnes hasta el punto de partida y finalización, Beceite. Resultó ser una ruta preciosa que subía entre bosques en suave progresión hasta la cima de Penyagalera, desde donde había unas vistas impresionantes, y desde donde se vislumbraba al fondo el Monte Caro, al que habíamos subido dos días antes. No paramos mucho, ya que el viento era fuerte en la cima, y proseguimos la bajada hasta el cauce del río Ulldemó, que cruzaríamos para tomar la pista que nos llevaría directamente al pueblo y al final de nuestra travesía.

Más allá de la belleza del paisaje y de la satisfacción del esfuerzo, de este viaje me gustaría destacar la amabilidad y generosidad no solo de todas las personas que nos fuimos encontrando en el camino, sino también, y sobre todo, del grupo completo de compañeros, que dio una lección excepcional de que una vida mejor es posible, donde personas diversas conviven, disfrutan, se ayudan, se apoyan, se ríen y comparten con un cariño y una actitud ejemplar. Solo tengo palabras de agradecimiento para todos ellos y para este club que hace que sucedan experiencias como ésta.

Coordinadora: Laura A.