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Los Cárpatos Rumanos

20 al 31 de julio de 2017

 

Introducción

Los Cárpatos constituyen un sistema montañoso en forma de arco, de aproximadamente 1.600 km de longitud y 150 km de anchura que recorre Austria, la República Checa, Eslovaquia, Polonia, Ucrania, Rumania, Serbia y Hungría. Es la segunda cordillera más larga de Europa tras los Alpes escandinavos y donde encuentran las mayores poblaciones europeas de oso pardo, lobo europeo, gamuzas y linces, especialmente en Rumania.

Nosotros hemos recorrido los Cárpatos rumanos, atravesando los tres macizos que lo componen: Bucegi, Piatra Craiuli y Fagaras.


Comentarios generales

Montaña: los senderos en Rumania están muy marcados, con señales cada 10 o 15 metros, con símbolos diferentes para cada sendero. En muchos casos se incluyen postes de unos tres metros en los puntos más significativos, en todos los cruces suelen figurar carteles indicativos con los diferentes destinos.

Los caminos, en general, están mejor marcados que en España y es casi imposible perderse, además están muy transitados y la traza es siempre muy visible. Sin embargo, es recomendable llevar los tracks en un GPS para evitar despistes, sobre todo si nos encontramos con niebla en las partes altas de la montaña.

Rescates: Rumania tiene un organismo estatal especializado en rescates de montaña que se denomina Salvamont, que cuenta con sus propios refugios y además es responsable de marcar los caminos.

En las partes más altas de la montaña, especialmente en collados, hay numerosos refugios no guardados para casos de emergencia.

Cartografía: Nosotros hemos utilizado el mapa de Europa Central de la Open Map Foundation, descargado desde aquí: http://openmaps.eu/garmindownload

Este mapa tiene la peculiaridad de que marca cada sendero con un color diferente y además es “ruteable”, es decir, con un programa como el BaseCamp se pueden generar tracks por encima de los senderos marcando solamente unos pocos puntos.

El mapa ocupa 1,5 Gb, pero incluye mucho más territorio que el que necesitamos, para aligerarlo basta con cargarlo en BaseCamp y seleccionar la parte que nos interesa. En nuestro caso, el mapa de los Cárpatos rumanos en formato “img” ocupó únicamente 261 Mb.

Cambio de moneda: En las ciudades grandes como Bucarest, Busteni o Bran es posible encontrar oficinas bancarias u oficinas de cambio con un cambio competitivo. Se desaconseja cambiar en el aeropuerto. Las oficinas de cambio privadas son habitualmente serias. Es preferible acudir a las que publican el cambio a la puerta (casi todas), normalmente tienen una calculadora en el mostrador para que uno mismo calcule los leis que le corresponden según el cambio publicado.

Hostelería: Aunque son educados y los precios son baratos, tardan mucho en atender, es algo a tener en cuenta en caso de tener prisa. Nosotros tuvimos solamente una mala experiencia de sentirnos estafados (en Plaiuil Foii), en el resto de los casos hay que decir que los platos son bastante generosos y con un solo plato es suficiente para comer.

Viaje a Bucarest

La travesía da comienzo con el viaje en avión de Madrid a Bucarest, que tiene una duración de 3h30 en caso de vuelo directo (se ha de tener en cuenta que Rumania tiene una hora más respecto a España).

Como en otras salidas, cada participante eligió el vuelo que le resultó más interesante, en nuestro caso, nosotros preferimos adelantar la llegada a Bucarest al lunes 17, es decir, dos días antes del inicio de la travesía para hacer un poco de turismo por la ciudad.

Existen muchas compañías aéreas con origen o destino en Bucarest, algunas con escala como Lufthansa y otras con vuelos directos, entre ellas las locales TAROM, BluAir, TAP y otras de bajo coste como Ryanair, Wizzair o Iberia Express.

Si se reservan los vuelos con tiempo suficiente se pueden obtener importantes ahorros, en nuestro caso, compramos los vuelos en la compañía Lufthansa durante el mes de febrero con un precio de 193 €, ida y vuelta (precio sin facturar equipaje), como en otras ocasiones, facturamos únicamente un bulto donde incluimos los bastones, navajas…etc. 

Este vuelo tiene una escala en Munich a la ida y en Frankfurt a la vuelta de aproximadamente una hora, por lo que se ha de ir rápidos al moverse en la terminal, especialmente en Munich, donde cambiar de puerta de embarque requiere de un paseo de 20 minutos a buen ritmo (y eso que no se cambia de terminal).  La posibilidad de que se puedan quedar los equipajes en el camino no es descartable, como ocurrió a un compañero, aunque lo pudo recuperar al día siguiente, a tiempo para empezar la travesía.

Nosotros llegamos al aeropuerto de Bucarest (Aeropuerto Henry Coanda o, simplemente, Otopeni) a la 1 de la madrugada, con el transporte público cerrado, por lo que solo nos quedaba la opción de tomar un taxi. El taxi no se contrata en la parada, como es habitual, sino que es necesario obtener previamente un billete de una máquina expendedora que está dentro del terminal, en ese ticket figura la identificación del taxi que nos ha asignado el sistema, así como el tiempo estimado para que llegue. A la hora en que reservamos el taxi no había tráfico, y el trayecto Aeropuerto-Bucarest llevó solamente 15 minutos, con un precio de solo 30 Leis (1 € = 4,53 Leis, cambio de julio de 2017). El autobús es todavía más barato, pero para un grupo de 4 o 3 compensa tomar un taxi. Como nota curiosa, el taxímetro solo cuenta km y no tiempo.

 

Día 19  Bucarest

Todos los participantes nos fuimos concentrando en la tarde del miércoles 19 de agosto en el hotel Charter (***). Es un hotel muy funcional y muy económico, próximo a la autovía que conecta el aeropuerto con la capital. Al hotel se puede llegar, tanto desde Bucarest como desde el propio aeropuerto, mediante dos autobuses de transporte público: el 780 y el 783.  

Para comer, en las proximidades del hotel solo se encuentra un Mac Donald, y para llegar a él hay que atravesar la autovía del aeropuerto mediante un puente metálico, por lo que los participantes que llegaron con el tiempo suficiente tomaron un taxi para cenar en Bucarest.

Hay que tener en cuenta que la autovía que une Bucarest con el aeropuerto está frecuentemente colapsada, por lo que se ha de contar con el tiempo suficiente para no perder el vuelo. Al menos se debería contar con emplear 30 minutos en el trayecto, y en determinados casos este tiempo se puede superar.

 

Día 20.  Busteni

A las 7h de la mañana tomamos el desayuno en el hotel y 45 minutos más tarde subimos al microbús que teníamos concertado para llevarnos al pueblo de Busteni, situado a unos 120 km de Bucarest.

El recorrido lo realizamos en aproximadamente dos horas y media. El trayecto trascurre inicialmente por autovía, que enseguida se convierte en una carretera de doble sentido. En el recorrido se pueden contemplar grandes extensiones de maíz, girasol y cereal, así como las refinerías de petróleo localizadas en las cercanías de la ciudad de Ploiesti.

Busteni es un pueblo de montaña bastante grande situado en el norte de la comarca de Prahova, que se puede considerar como la cabecera del macizo de Bucegi, el primero de los tres macizos de los Cárpatos que vamos a recorrer. Es un pueblo muy turístico que durante los meses de julio y agosto se encuentra abarrotado de turistas, aunque pocos son montañeros, de hecho, nos fue imposible encontrar una tienda de material de montaña.

En este pueblo teníamos reservado el hotel de tres estrellas Pârâul Rece, un hotel bastante correcto, dotado de amplias habitaciones con televisión y nevera, cuyo único inconveniente es que se encontraba en la parte norte del pueblo, bastante alejado del inicio de las rutas a Babele o Pietra Arsa

Al llegar al hotel, lo primero que hicimos fue dejar el equipaje para dirigirnos a continuación a visitar el castillo Péles, situado en el cercano pueblo de Sinaia (12 km de Busteni). Para llegar al inicio del camino hay que recorrer la calle principal del pueblo en dirección sur, que en realidad es la carretera que viene de Poliesti y que continúa en dirección de Brasov. Se trata de un recorrido bastante largo, de unos 5 km pasando junto a hoteles, tiendas y restaurantes.  

Después de dejar a la derecha el telecabina que asciende a Babele, tomamos una calle que nos llevó a una pista de tierra que transcurre bastante horizontal en dirección al pueblo de Sinaia, salvo el tramo final, donde hay que superar una loma para terminar bajando a la zona donde se encuentran el castillo; el recorrido es de otros 5,5 km.

En realidad, en Sinaia hay dos castillos: el castillo Peles y el castillo Pelisor. El primero se terminó de construir en 1914 y fue residencia del primer rey de Rumania, Carlos I. Junto a éste se encuentra el castillo Pelisor, posterior y más pequeño, que fue construido por el rey como residencia de su sobrino y sucesor, el rey Fernando I.

 

Los dos se pueden visitar, pagando su correspondiente entrada. Nosotros optamos por visitar el segundo, siguiendo las recomendaciones de un turista español que había visitado los dos. La visita no decepciona, ya que el castillo mantiene intacta la decoración original, realizada enteramente en madera y sin la ostentación habitual de otros castillos; se podría hasta calificar el interior de bastante funcional. Según la información disponible, éste fue el primer castillo europeo en contar con luz eléctrica y ascensor.

Después de visitar el castillo, recorriendo una calle llena de tiendas de recuerdos llegamos al pueblo de Sinaia, donde comimos.  A la hora de volver, como contábamos con bastante tiempo, decidimos volver por el mismo camino, con lo que al cabo del día habíamos andado más de 20 km, aunque con poco desnivel. 

Como dato a resaltar, un grupo decidió ascender hasta un mirador que se encuentra encima del castillo, denominado mirador Lui Franz Joseph. En las proximidades del mirador, un compañero, José, tuvo un encuentro con un oso que se le cruzó en el camino y al que consiguió espantar. Aunque Rumania es el país europeo con la mayor población de osos en libertad, más de 7.000, éste fue el único encuentro cercano que tuvimos con estos animales, pero durante todo el recorrido pudimos observar numerosos excrementos y huellas en los caminos.

 

Día 21. Busteni – Babele

El objetivo del día era alcanzar la estación superior del teleférico de Busteni (Babele) pasando por una inmensa cruz que es visible desde todo el valle, denominada “Cruz de los héroes nacionales”. Como el día anterior, nos dirigimos por la calle principal en dirección sur (en dirección al pueblo de Sinaia) para desviarnos después a la derecha por la calle que se dirige a la estación inferior del teleférico. A su izquierda tomamos una pista de tierra que conduce al cartel que marca el comienzo del sendero.

El camino trascurre en gran parte por un barranco, atravesando un bosque frondoso hasta que, debido a la altura, desaparecen los árboles y se sustituyen por prados de altura, en la parte más alta nos encontramos la Cabaña Caraiman, hecha completamente de madera y donde pudimos comprar unas cervezas. El camino lo hicimos prácticamente solos, cruzándonos únicamente con dos o tres grupos. Al llegar a la cabaña se tiene que girar a nuestra derecha para ascender al pico donde se encuentra la cruz (2.291m). Se trata de una enorme cruz metálica que se terminó de construir en 1928; cuenta con unas vistas impresionantes al valle y estaba repleta de visitantes, la mayor parte de los cuales llegaba a la cruz desde la estación del teleférico, ya que desde ahí solo resta un recorrido de un poco más de una hora, sin apenas desnivel.

  

Nosotros, después de descansar, nos dirigimos por una pista en dirección a la Cabaña Babele (2.180m), donde finaliza el teleférico. En sus proximidades se encuentran unas formaciones rocosas bastante famosas: una con forma de cabeza (la esfinge) y otras con forma de seta. Todas están protegidas mediante una valla y un cartel prohíbe cualquier tipo de escalada. 

Un grupo subió además hasta una colina de 2.440m, desde donde se podía contemplar la panorámica de todo el macizo, en especial el pico Omul (2.507m), al que subiríamos dos días después para llegar a la cabaña Malaiesti.

Después de comer y beber alguna cerveza en la cabaña Babele, nos dirigimos de vuelta hacia la cabaña Caraiman para volver por un camino de bajada diferente al de subida. Sin embargo, al intentar acortar el camino para evitar pasar de nuevo por la cabaña, nos encontramos con un terraplén con una fuerte caída. Mirando en el mapa pudimos encontrar una canal herbosa que, con bastante dificultad, nos permitió alcanzar de nuevo el track. Al llegar a él pudimos comprobar que el camino no descendía por donde indicaba el track, ya que allí solo existía una torrentera. Estaba claro que al trazar el track el programa había interpretado el arroyo como un sendero. 

No tuvimos otro remedio que continuar el camino a nivel horizontal, lo que nos alejaba de Busteni, y posteriormente tomar otro camino de bajada que nos condujo al final a las proximidades de la estación del teleférico.

 

Día 22. Busteni – Piatra Arsa

El objetivo para este día era alcanzar la zona de Piatra Arsa. Se trata de un antiguo refugio de montaña situado a 1.950m de altura que en el año 2000 se convirtió en un centro de entrenamiento de altura. Actualmente cuenta con una carretera asfaltada que lo conecta con el pueblo de Sinaia, aunque nosotros ascendimos mediante un sendero que se inicia en la cabina inferior del teleférico y que pasa en primer lugar por la cascada Urlatorea (1.150m), bastante concurrida, por cierto. El camino continúa haciendo zetas hasta alcanzar los prados de altura, pasando primero por un antiguo refugio (cabaña Popas – 1.700m) y luego por una cabaña para observación de la naturaleza, desde donde solo queda continuar por un camino horizontal hasta el hotel de Pietra Arsa.

Después de comer algo, algunas personas bajaron directamente al pueblo de Sinaia para tomar el tren que va Brasov y dedicar la tarde a ver la ciudad histórica. El resto continuamos para regresar por el sendero, que pasa por el mirador de Lui Franz Joseph, desde donde se tiene una visión panorámica de todo el valle de Sinaia y Busteni. Desde allí, el camino nos llevó de nuevo al pueblo de Busteni, terminando en el mismo punto donde salía la senda que nos llevó al Castillo Peles el primer día.

 

Día 23. Busteni – Cabaña Malaiesti

Éste fue el primer día de travesía propiamente dicho, después de los tres días que pasados en el pueblo de Busteni. Se plantearon dos alternativas: una que pasaba por el pico Omul (2.507m) y otro camino que lo bordeaba pasando a 1.800m. En los dos casos el camino se iniciaba en las proximidades del hotel, lo que nos ahorró los cinco km por la calle del pueblo de los dos últimos días. Después de salir del pueblo, tomamos una pista de tierra y enseguida el GPS nos indicó el inicio del sendero, aunque no había sendero alguno, por lo que tuvimos que ir campo a través hasta que encontramos las primeras marcas.

  

El camino transcurre al principio por un bosque, hasta que gira a la izquierda y empieza a ascender por un ancho valle que se estrecha poco a poco. La subida es bastante progresiva, salvo los últimos 200m de subida al pico. En la parte final, nos encontramos con muchas personas que subían desde la estación superior del teleférico de Babele.

En la misma cumbre del pico existe un refugio de montaña junto con una estación meteorológica habitada, ambos realizados completamente en madera, como es habitual en la zona. Desde la cumbre, el camino desciende primero por la loma noroeste y luego baja por la cara norte hasta llegar al refugio Malaiesti. Cuando ya habíamos descendido nos dimos cuenta de que existía también la posibilidad de bajar por una canal con grandes bloques, pero que tampoco tenía ninguna dificultad.

Algunos de los compañeros que optaron por el camino del valle dejaron la mochila en el refugio y ya sin peso subieron al pico.

El refugio de Malaiesti resultó ser bastante antiguo y con señales de abandono y falta de mantenimiento. Su única fuente de agua era un deposito abierto que recogía el agua de un pequeño arrollo y que carecía de tapa, por lo que era accesible a cualquier animal, en especial los caballos que rondaban por la zona. No tuvimos más remedio que beber de él y afortunadamente nadie sufrió ningún problema por el agua.

La cena fue bastante frugal, solo existía la posibilidad de elegir entre carne de cerdo o salchicha, acompañada de arroz, polenta o puré de patatas. El desayuno, en cambio, bastante abundante, con tortilla y una mermelada de frambuesa casera, junto con una especie de paté de verduras que se untaba en el pan.

En este refugio conocimos a un pastor de ovejas, que hablaba un rudimentario castellano, al haber trabajado como pastor en España durante algunos años.

 

Día 24. Malaiesti – Pestera

El sendero se inicia en la parte trasera del refugio, ascendiendo la loma que cierra el valle. Una vez se alcanza el punto más alto de la loma, el sendero continúa a media altura por el valle contiguo en dirección al fondo del valle, hasta que gira para ascender a la loma opuesta. Allí nos encontramos un refugio de emergencia de poliéster de forma circular, con las camas dispuestas en el interior siguiendo la forma de círculo para aprovechar al máximo el espacio disponible.

  

  

Desde este punto se podía ver toda la llanura y parte de las casas que formaban el pueblo de Bran. Iniciamos el descenso por un camino que en poco tiempo se convirtió en una pista de tierra y posteriormente en carretera asfaltada que nos llevó al centro del pueblo. Bran es un pueblo turístico debido a la fama que adquirió su castillo después de la publicación de la novela de Bran Stoker.

Gran parte de nosotros lo visitamos, aunque fue una experiencia poco agradable por la cantidad de visitantes. Parece ser que la política de las autoridades es cuanta más gente mejor, de tal forma que el interior del castillo era una fila continua de gente que impedía detenerse.

Por otro lado, el interior del castillo está bastante descuidado y se nota que lo han rellenado de objetos de cualquier manera, nada que ver con los castillos de Peles y Pelisor en el pueblo de Sinaia.  Este castillo se beneficia de la novela de Bran Stoker aunque parece ser que Blad el empalador (figura histórica en la que se inspiró la novela) únicamente pasó dos noches en el castillo.

Teníamos el alojamiento contratado en dos casas rurales en el cercano pueblo de Pestera (11 km). Algunos participantes decidieron ir en taxi, pero tres continuamos a pie, primero andando junto a la carretera nacional, que tiene un tráfico intenso de coches y camiones; pero enseguida tomamos una carretera comarcal, sin tráfico, que atraviesa numerosas fincas y casas antiguas de madera que mereció la pena contemplar. Las dos casas rurales resultaron perfectas, en especial por su abundante desayuno; la cena la realizamos en un hotel cercano que, aunque era algo más caro de lo habitual, lo cierto es que ofrecieron un servicio de primera clase. 

 

Durante la noche se desarrolló una fuerte tormenta acompañada de aparato eléctrico y lluvia torrencial.

 

Día 25. Pestera -  Plaiuil Foii

En esta etapa cambiamos de macizo, al pasar del macizo de Bucegi al de Pietra Crauli. El día amaneció con sol y nubes, iniciamos el camino por la carretera de la casa rural para tomar enseguida una pista forestal que asciende progresivamente  por la loma hasta cruzar un arroyo. En este punto, algunos tomaron la decisión de subir por una pista forestal hasta alcanzar la cabaña Curmatura (1.420m), en lugar de ir por el sendero previsto, al que pensábamos lleno de barro como consecuencia de las tormenta de la noche.

Una vez que se cruza el arroyo, la pista transcurre al principio por una garganta de altas paredes, y después a través de un bosque frondoso de pinos y hayas. Una vez alcanzada la cabaña, el sendero originalmente previsto transcurre por un camino empinado que alcanza la cuerda que se encuentra a 1900m y que cuenta con algún paso delicado dotado de cables o cadenas.  

A la vista de la previsión de mal tiempo, en el refugio nos informamos sobre la posibilidad de pasar el cordal cruzando un collado a 1.480m. El camino asciende hasta el collado, y desde allí baja de manera abrupta siguiendo el cauce de un barranco. Este sendero termina en la carretera que lleva a Plaiuil Foii, pero antes de llegar tomamos un sendero  que nos llevó a un monasterio ortodoxo en construcción, donde aprovechamos el prado contiguo para descansar y comer. Al poco tiempo empezó a llover, momento en que uno de los monjes nos ofreció el comedor del monasterio para refugiarnos. Junto al monasterio existe una cueva a la que se llega por un sendero empinado y que se utiliza como lugar de culto, con las paredes repletas de imágenes y velas.

Los monjes nos indicaron que para alcanzar Plaiuil Foii no hacía falta ascender a un refugio (cabaña Diana), y que bastaba con llegar a una meseta encima del refugio y tomar un sendero a la derecha. Este sendero nos bajó al fondo del valle hasta alcanzar primero unos grandes prados juntos al río y que atravesamos para llegar al refugio  que teníamos contratado.

 

 

En la casa nos llevamos la sorpresa de que el dueño del alojamiento había alquilado a otros una habitación de la casa,

con lo que faltaban 6 plazas.  Nos ofrecía como única alternativa el estar más apretados. Como íbamos a estar dos días en esta casa, se decidió buscar alojamientos alternativos por la zona; desgraciadamente los tres hoteles cercanos estaban completos, por lo que seis personas tuvieron que recurrir a un albergue que se encontraba a unos dos kilómetros de distancia. Ese día cenamos en el restaurante de la Cabaña Plaiuil-Foii y tratamos sin éxito de contratar el desayuno a primera hora del día siguiente.

 

 Día 26. Cresta de Plaiuil Foii.

Ese día estaba prevista hacer la cresta que se situaba justo encima de la casa. El primer problema con que nos encontramos era que no había forma de conseguir desayunar antes de las 10 horas; al final nos decidimos por uno de los hoteles donde habíamos ido a preguntar por un alojamiento adicional. El desayuno fue abundante y nos hizo decidirnos a contratar la cena del mismo día, aunque solo para los que estábamos en el primer alojamiento. Los que estaban en el segundo decidieron desayunar la comida que llevaban para poder iniciar la salida con tiempo suficiente.

Nosotros, después de desayunar, ya pasadas las 10, empezamos la marcha por el sendero que transcurre por el bosque en dirección a la cresta, un pequeño grupo, a la vista de la premura de tiempo, decidimos hacer una vuelta circular, alcanzando en primer lugar el refugio no guardado de Spirla (1.400m); desde allí continuamos ascendiendo hasta los 1.700m, donde tomamos un sendero de descenso que nos llevó hasta el punto de inicio, regresando a Plaiui Foii a las 5 de la tarde.

A continuación se añade el relato de las personas que durmieron en el albergue alternativo y que hicieron la cresta en sentido contrario al previsto en el track:

El grupo de 8 personas que habíamos dormido en el refugio alternativo decidimos comenzar a subir por el camino de bajada y realizar la excursión en sentido contrario al planeado por la organización, puesto que por distancia el acceso a la cresta parecía mucho más rápida.

El tiempo era estupendo a primera hora.

El camino estaba perfectamente señalizado desde la carretera, y tras pasar la zona menos escarpada, rápidamente la ruta se vuelve vertical, y relativamente complicada. Encontramos un cruce en el que el track sigue hacia arriba pero el camino visible y señalizado marca a la izquierda y decidimos seguir las marcas del camino, que aunque dan un rodeo, son claras.

Encontramos varios pasos equipados con cadenas que salvamos esperando que no se complique mucho más, aunque uno de los ocho decide en este punto darse la vuelta. La verticalidad del terreno, y lo resbaladizo del mismo nos hace dudar en muchas ocasiones de la viabilidad de la bajada prevista para el resto del grupo.

A pesar de la corta distancia, el esfuerzo a realizar y la atención constante requerida para progresar por terreno vertical e inestable nos agotan, tardando varias horas en llegar al refugio Ascutit, desde donde proseguiremos por la cresta en dirección al pico La Om.

Una vez llegados a la cresta, la cosa cambia. El terreno es mucho menos exigente, echando las manos en algún punto aunque sin dificultad, pero la niebla que se echa encima nos impide disfrutar de las vistas y deja la piedra algo resbaladiza. Nos cruzamos con algunos grupos en nuestro recorrido, entre ellos, tras un par de horas de cresteo, con los escasos participantes que realizan el recorrido completo en dirección contraria a nosotros, según lo planeado. Les advertimos de la dificultad de la bajada y proseguimos.

Tras un par de horas llegamos al pico La Om y lo pasamos, llegando al refugio situado un poco más adelante. En ese momento empieza la lluvia y alguno decidimos resguardarnos y comer en el refugio, aunque es difícil porque es pequeño y hay mucha gente, sin contar con que las bolsas de basura y los desperdicios que pueblan el suelo del mismo dan ganas de salir a comer bajo la lluvia o el granizo si es necesario.

Comprobamos que hemos avanzado mucho más lentamente de lo esperado y calculamos que recorrer la cresta entera provocaría que tuviésemos que realizar parte de la ruta de noche, por tanto decidimos bajar hasta la opción “fácil” propuesta por la organización, acortando por un camino que dista del track b unos doscientos metros en distancia y otros doscientos en desnivel.

Los guardas nos habían advertido que al principio del atajo había cadenas, y allí nos las encontramos. El terreno muy descompuesto con frecuente caída de piedras (casco altamente aconsejado) nos hizo entretenernos aún más en lo que se suponía que iba a ser nuestra “ruta de escape”. Los que gustamos de este tipo de rutas algún punto más complicadas que el mero caminar, disfrutamos mucho de la ruta. Pero he de advertir que no la aconsejamos en absoluto para quien no tenga un poco de soltura en terrenos que requieren trepar, y mucho menos para el que vaya con prisa.

No solo encontramos cadenas en el principio, sino en varios tramos después. Una vez llegada a la intersección del atajo con el track b, nos relajamos un poco pensando que desde ahí todo sería más sencillo.

Pero no fue así. Disfrutamos un buen rato más de cadenas y pasos entretenidos hasta llegar prácticamente a un merendero marcado en el mapa, momento en que el camino se convierte de nuevo en un camino normal, y nos permite avanzar con cierta velocidad.

Al llegar al pueblo nos cruzamos con el grueso del resto del grupo que se dirigía a cenar, y les acompañamos, provocando (sin intención) el famoso incidente del pollo tamaño guisante que perdurará en la memoria del club por décadas…

 

Los grupos que hicieron la cresta llegaron pasadas las siete de la tarde, alguno de ellos incluso cerca de las ocho, por lo que propusimos a todos ir a cenar al mismo hotel. Aquí nos llevamos la sorpresa de que el restaurante, a sabiendas de que no tenían comida para las ocho personas del segundo alojamiento, aceptaron servirlos, dividiendo las raciones a la mitad.  

Después de una discusión, con amenazas de llamar a la policía, optamos por pagar y marcharnos.

 

 Día 27. Plaiuil Foii - refugio Valea Sâmbetei

Originariamente se había previsto que esta etapa transcurriese por la cuerda de la montaña, sin embargo, cuando analizamos el mapa detenidamente nos dimos cuenta de que la distancia era mayor de 30 km y el desnivel acumulado superaba los 1.800m, sin que existiese alternativa posible para acortarlo.

Por ese motivo, habíamos contratado con la compañía que nos había llevado de Bucarest a Busteni el transporte desde Plaiuil Foii hasta el lugar donde sale el camino que va al refugio, una especie de balneario con el nombre de Statiunea Climaterica Sâmbata. El transporte duró aproximadamente 1h30 incluyendo una parada para desayunar y para comprar comida en un supermercado.

Junto al balneario se encuentra el Monasterio ortodoxo Horezu, construido en 1693 y declarado Patrimonio de la Humanidad en 1993. Consta de una pequeña capilla, que fue la iglesia original que se encuentra rodeado por un claustro inmenso. La iglesia tiene unos frescos espectaculares a los que merece la pena prestar el tiempo suficiente.

 

Una vez visitado el monasterio, tomamos la pista en dirección al refugio Sâmbatai (1.360m). Llegamos a la hora de comer, con el cielo encapotado y previsiones de tormenta. Así que descartamos realizar la ascensión que estaba prevista para la tarde y empezamos a recoger leña para hacer una hoguera que nos mantuvo calientes hasta la hora de la cena. En los alrededores de la casa pacía el rebaño de burros utilizado para realizar el suministro del refugio, uno de los cuales nos acompañó en torno al fuego.

  

 

 Día 28. Refugio Valea Sâmbatai – Refugio Podragu.

El día amaneció nublado y amenazando lluvia. Mientras que un grupo decidió esperar para ver si mejoraba, el resto empezó a andar por el camino que asciende junto al arroyo del valle. El camino trascurre al principio prácticamente horizontal, pero al llegar al fondo del valle remonta la loma de manera abrupta hasta llegar a la cuerda, a 2.188m.  El tiempo no mejoró durante la ascensión, al contrario, la niebla se hizo más espesa hasta el punto de no alcanzar a ver más de 10 metros, aunque esto no  planteó ningún problema, ya que el camino estaba muy bien trazado, con marcas cada cinco o diez metros, e incluso postes señalizadores de colores, de los utilizados para medir el grosor de la nieve. El camino transcurre en parte por la misma cuerda y en otros momentos se mantiene ligeramente debajo. Dependiendo de la orientación del sendero, además de la niebla, en muchos momentos nos vimos acompañados por el viento y la lluvia.

A lo largo del camino nos encontramos con dos pequeños refugios prefabricados de plástico, parecidos a otros que habíamos visto en etapas anteriores; el primero nos lo encontramos al poco de subir a la cresta y el segundo muy cerca del pico Moldoveanu.  En los dos casos estaban repletos de montañeros, por lo que continuamos la marcha sin parar.

Como ya hemos comentado, gran parte del recorrido trascurre por la cuerda, o muy cerca de ella, por lo que las vistas han de ser espectaculares en un día de buen tiempo; desgraciadamente, no pudimos ver absolutamente nada.

Al llegar al pico  Vistea Mare (2.524m), el camino desciende, en este punto algunos nos desviamos para alcanzar el pico Moldoveanu (2.544m), el pico más alto de Rumania. La subida no tiene ninguna dificultad, solamente hay que sujetarse a la roca en un par de ocasiones, aunque la humedad de la roca hizo el recorrido más entretenido de lo previsto. En la cima, acompañados como el resto del día por la niebla, lo único que pudimos ver fue el hito lleno de banderas.

Desde el pico rehicimos el camino hasta el Vistea Mare y comenzamos el descenso al refugio Podragu (2.090m), junto al lago del mismo nombre.

Este refugio es el situado a más altura de todos los recorridos durante la travesía, el más grande y posiblemente el más destartalado y concurrido de todos.

 Nada más llegar, la señora encargada de la gestión nos preguntó si teníamos saco de dormir, y al decirle que no, nos vaticinó una noche de frio, ya que únicamente nos podía dar una manta por cabeza. El tiempo continuó desapacible toda la tarde, por lo que decidimos no salir del comedor hasta la hora de la cena, y matar el tiempo con un vaso de vino caliente.

Después de cenar nos vimos obligados a desalojar el comedor para dejar sitio a los que iban a dormir allí, lo cual fue una pena, porque era el único sitio caliente del refugio a causa de la gente acumulada. Dormimos como pudimos, cubiertos con la única manta que nos habían dado y muchos con la ropa puesta, lo que no evitó que gran parte amaneciéramos al día siguiente con los síntomas de un resfriado que nos llevaríamos de recuerdo a Madrid.

 

 Día 29 Refugio Podragu – Balea Lac

Ésta es la última etapa de la travesía por el macizo Fagaras, que finaliza en el lago Balea, centro turístico de primer orden, no solamente por la belleza del lugar, sino porque es donde se  ubica el túnel que atraviesa la cordillera y al que se llega por la famosa carretera Transfăgărășan, que constituye la segunda carretera más alta de Rumania (alcanza los 2.034m), construida en los años 70 por el régimen comunista como conexión de las regiones de Transilvania y Wallachia.

El día amaneció como el anterior, desapacible, con todas las cumbres cubiertas. Inicialmente se había elegido el sendero que trascurre por la cuerda, similar al día anterior, pero, ante la perspectiva de mal tiempo, nulas vistas y los síntomas de resfriado que llevábamos algunos, decidimos tomar un sendero por el valle que evita los puntos más elevados de la cuerda (2.400m), aunque con aproximadamente el mismo desnivel acumulado, ya que no para de subir y bajar para sobrepasar las lomas que descienden de la cuerda principal.

Este camino alternativo al final confluye con el original, justo en el momento en que se inicia el descenso al lago, aunque todavía quedaban una serie de pendientes y bajadas. Al llegar al lago superior, Lacul Capra, nos empezamos a encontrar con multitud de montañeros que iban en dirección contraria, no solamente rumanos, sino búlgaros, croatas, etc. La explicación era sencilla: el lago Balea es el punto desde donde el Pico Moldoveanu tiene más fácil acceso; por otra parte, era fin de semana, y además, como descubrimos al día siguiente, la previsión del tiempo había mejorado.

 

Después de dejar atrás el lago superior, solo queda alcanzar un pequeño collado  para tener a la vista el lago principal: el lago Balea. En este punto podemos ver una auténtica romería de personas en ropa de calle que suben por el sendero, también vemos  la carretera que sube al lago y que termina en un enorme aparcamiento repleto de coches. Junto al lago hay chiringuitos, coches y sobre todo mucha  gente por todos lados, así que tomamos la decisión de marcharnos en el mismo momento en que llegamos, agradeciendo no tener que quedarnos a dormir allí.

Continuamos por un sendero que desciende por la ladera izquierda del valle y que deja a nuestra derecha las curvas de 180º de la carretera Transfăgărășan, con un tráfico intenso de coches, motos e incluso algunas bicicletas.

 

Al cabo de una hora de descenso alcanzamos a ver la inmensa cascada Balea que forma el desagüe de la laguna y que da nombre al hotel elegido para descansar ese día y el próximo. La verdad es que después de los últimos refugios, todos agradecimos unas habitaciones limpias y  agua caliente en las habitaciones.

 

 Día 30. Pico Negoiou y la ciudad de Sibiu.

Este día el grupo se dividió en dos y un grupo decidió hacer turismo y visitar la ciudad cercana de Sibiu. La ciudad se encuentra a 70 km del hotel y, como no había plazas disponibles para todos en un autobús local, tomamos la decisión de coger unos taxis.

La ciudad es la capital de la región de Transilvania y cuenta con 150.000 habitantes y con gran influencia alemana hasta la segunda guerra mundial. La ciudad tiene un núcleo medieval con numerosos edificios que merece la pena visitar, como es la Catedral Evangelista o el Palacio Brukenthal, que cuenta con una importante colección de pintura barroca.

Otro grupo acometió la ascensión prevista al pico Negoiu, la segunda cima más alta de Rumania y del macizo de Fagaras, que se realizó por el valle paralelo para no repetir el camino por el que se descendió del lago Balea el día anterior:

El grupo salió pasadas las 8:00 am del hotel (1.222 m) por el camino que nos llevará de nuevo a la cuerda del macizo que llevamos pateado los últimos días. Pero hoy a diferencia de los otros días, el cielo se presenta azul y sin nubes. El camino empieza tranquilamente a subir desde el principio, y en poco tiempo se adentra en el valle Doamnei, valle muy tranquilo, estrecho y cómo no, de soberbios bosques.

En algo más de una hora salimos del bosque a los prados de altura, donde encontramos dos cabañas de pastores con unos perros amenazantes, y a los que, sobre todo al bajar por la tarde, tuvimos que mantener a raya amenazándolos con los bastones porque se tiraban agresivamente hacia nosotros. Un poco más tarde, otros del Club que pasaron por aquí, fueron invitados por los pastores a probar y comprar el queso que ellos mismos hacían mientras un cachorro de perro se dedicaba a morderles las piernas.

En la tranquilidad de la parte alta del valle del Doamnei nos encontramos con varias cabras negras salvajes, que son la misma especie que nuestros sarrios o rebecos, pero de tamaño como el del famoso “primo de zumosol”, bastante más grandes.

Por una pendiente más acusada, y a hora y media desde que salimos del bosque, llegamos al collado (2.135 m) que separa este tranquilo valle del atestado del lago Balea. A partir de aquí la ruta, como siempre muy bien marcada, será una procesión de turistas/montañeros hasta la vuelta. Desde aquí se divisa, todavía lejano, el Vârful Negoiu al que nos dirigimos

Continuamos subiendo hasta la cuerda principal de Fagaras y una vez alcanzada, subiendo y bajando, atravesamos tres collados, el Saua Paltinoiu, el Saua Doamnei y posteriormente el Saua Laitel. En este tramo, algún paso escarpado produce embotellamientos humanos en esta popular ascensión. Este último collado nos deja debajo del Vârful Laitel (2390 m), el cual hay que subir para continuar hacia nuestro destino. Con un día espléndido hacemos cumbre en una hora y cuarto desde el collado Balea, contemplando un poco desanimados la aún lejanía del Negoiu. El día tan despejado nos deja unas vistas tan formidables sobre el mazico que nos hacen intentar localizar, cartografía en mano, el Moldoveanu y el Vânâtarea lui Buteanu (2507 m), picos ascendidos en la niebla por algunos de nosotros en los días anteriores.

Sin perder tiempo, e inasequibles al desaliento, llegamos descendiendo en media hora al precioso lago Càltun, donde un poco antes hay un puesto del servicio de socorro, y junto al lago, una cabaña/refugio de las existentes en estas montañas.

Continuamos nuestra ascensión hacia el pico, trepando por una entretenida canal, llamada Strunga Dracului, que tiene cable de apoyo en las partes más empinadas. Esta canal es poco transitada, ya que hay un camino más fácil que la evita, aunque es bastante más largo, y que escogen la mayoría de las personas que ascienden desde aquí. La canal sale muy cercana de la cumbre, a donde llegamos con un poco más de esfuerzo, una hora después de dejar el lago. En la cumbre del Vârful Negoiu (2535 m) sorprende, en primer lugar, la cantidad de gente que hay, y, en segundo lugar, las espectaculares vistas en las que se disfruta del macizo de Fagaras. Empiezan a aparecer algunas nubes que dan un aspecto muy alpino al entorno y que se van disolviendo a lo largo de la tarde.

Tras buscar hueco entre los muchos rumanos presentes en la cumbre para hacernos la foto de rigor, descendemos por el mismo camino hasta el lago Càltun, donde paramos a reponer fuerzas, algo escasas en el que suscribe.

Continuamos por el mismo camino, ascendiendo de nuevo al pico Laitel para seguir hasta los collados. Encima del collado Doamnei, algunos decidimos ascender al cercano pico Laita (2397 m) para descender por otro itinerario a los pastizales del tranquilo valle Doamnei y llegando al hotel, cansados pero contentos, tras casi 11 horas de marcha.

 

Día 31. Regreso a Bucarest

Después de desayunar, a las 7h45 subimos al microbús que nos debía llevar al aeropuerto de Bucarest, a 260 km.  A la vuelta pasamos por Brasov para dejar a Marian y a continuación tomamos la carretera que pasa por Busteni, Sinaia y Ploiesti.

 

Prácticamente todo el recorrido trascurre por carreteras de doble sentido, con un tráfico muy intenso que, al llegar a la zona de Busteni, se convirtió en un atasco total.

Llegamos al aeropuerto a las 4 de la tarde, lo que supone alrededor de 8 horas para hacer menos de 300 km. Afortunadamente, ya nos lo habían avisado y  ninguno había sacado el vuelo antes de las 5 de la tarde.

En el aeropuerto nos despedimos los que volvíamos a Madrid, ya que algunos se iban a quedar algunos días para visitar la ciudad.

Agradecimiento del Club a los socios que han aportado fotografías al relato Mercedes P. y    Javier C. y a todos los socios que participaron en la salida, en especial a Marian Tofanel sin cuya ayuda hubiera sido imposible realizar la actividad.

Coordinador: Mariano Tofanel